Los cuentos del desencanto

 

Guillermo Murray Prisant © Derechos Mundiales

 

Con el objetivo de zanjar una discusión acerca de la propiedad intelectual de ciertos cuentos, los hago públicos bajo ciertas condiciones:

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Por lo demás, siéntete libre de compartir por vía digital esta serie de cuentos o el librito completo, muy recomendable para niños entre tercero y quinto de primaria. Puedes publicarlo en cualquier portal o plataforma, enviarlo por correo electrónico, reproducirlo en WhatsApp, pegarlo en tu muro de Facebook y emplearlos en tus redes sociales, pero, por favor, no imprimas estos cuentos con fines comerciales sin el permiso explícito del autor.

Voy a compartirte el origen, la fuente literaria o inspiracional de donde nacieron estos cuentos con el objetivo de que puedas comprender que son de mi autoría, que no procuro fines de lucro con ellos y que mercar con literatura ajena, no para enriquecerse en lo material sino para obtener un prestigio inmerecido, constituye una falta gravísima y se perseguirá con el apoyo de las autoridades correspondientes.

Finalmente, quiero agradecer a Ana Mirella Rivera Noceda quien fungía como editora y correctora de estilo en la empresa Libros de Guillermo Murray, hasta hace poco, cuando presentó su carta de renuncia voluntaria, por auxiliarme a dar brillo y esplendor a estas páginas. Y queda constancia de que le dedico el libro llamado Cuentos del desencanto, como un regalo de despedida por los siete años y medio que vivimos en amasiato.

 

CUENTOS DE MÉXICO y PERÚ

CUENTOS DE PERÚ y MÉXICO

 

El primero de los relatos está basado en una antigua leyenda maya. La primera vez que la escuché fue de niño, cuando mi papá me llevó a conocer Yucatán. Fuimos a Uxmal y el guía de turismo que papá contrató semejaba un alux, un duendecillo maya. Quien iba de aquí para allá dando saltos entre las ruinas y sin dejar de contarnos la leyenda del enano.

Luego, con el paso del tiempo, descubrí el texto de Antonio Médiz Bolio intitulado La tierra del faisán y del venado. Tanto me gustó y me gusta, que hice algunas versiones para editorial Selector, la principal se encuentra en el libro impreso Los mayas para niños.

Fuentes:

Instituto Nacional de Bellas Artes: https://literatura.inba.gob.mx/argentina/5181—murray—prissant—guillermo.html

Amazon: https://www.amazon.com.mx/Los—Mayas—para—ni%C3%B1os—leyendas/dp/9706435255

Descargas rápidas: https://descargarlibros.cl/guillermo—murray—prisant.html

Y principalmente en Editorial Selector: https://selector.com.mx/products/mayas—para—ninos—los

ISBN 10: 9706435255

ISBN 13: 9789706435255

Editorial: Selector S.A. De C.V., 2004

Lo que ampara desde hace casi 20 años mi autoría.

 

EL ENANO DE UXMAL

En los tiempos del esplendor maya, vivía en la ciudad de Kabah, cerca de Uxmal, una vieja hechicera. Cuentan los antiguos que ella sabía leer el destino en las estrellas y que, además, preparaba pociones curativas. Por ello era llamada xpulya.

La bruja deseaba tener un hijo para que la acompañase en su vejez. No deseaba morir sola. Pero, aunque era un ser mágico con grandes conocimientos y poderes no lograba dar vida a un hijo. Por eso sentía envidia de las plantas que daban semillas y de los animales que podían tener crías.

Los dioses de los Cerros de los Huitzes, llamados Corcovados, se conmovieron de sus plegarias en las que rogaba por un hijo. El Huitz Corcovado más fuerte le respondió:

—Amada hija, ¿acaso tu sabiduría y tus poderes no son suficientes para ti? ¿Crees que tienes derecho a pedir más de lo que ya posees?

La xpulya se sorprendió del regaño del Huitz. Ella creía que tenía derecho a ser madre. Así, que sin temor contestó:

—Tienes razón, mi Huitz, poseo sabiduría y un gran poder, pero me duele saber que nadie heredará mis conocimientos. Me entristece no tener a quien trasmitir mi legado.

La divinidad Huitz le dijo:

—Hija amada, para lograr lo que deseas tendrás que caminar nueve días y nueve noches hasta hallar trece grutas húmedas y oscuras. Deberás revisarlas, porque en una de ellas encontrarás la respuesta a tus anhelos.

La anciana salía cada día de su choza para buscar yerbas y plantas para sus medicinas. Así que aprovechó esos recorridos para hallar las trece grutas mágicas que buscaba.

Luego de nueve días y nueve noches agotadoras en las que visitó los lugares más sombríos de la península, al fin encontró en una gruta algo extraño: un huevo. El huevo era distinto: no se parecía en nada a los que ella conocía. Así que, lo cubrió con un trapo y, con cuidado, lo guardó bien escondido en su huipil.

En cuanto llegó a su choza, lo ocultó con recelo cerca del fuego de su hogar. Sabía que su hallazgo era valioso, por eso, decidió disimularlo cubriéndolo con unas cenizas que conservaban algunas brasas.

Aunque para muchos esto puede resultar imposible de creer, al poco tiempo, gracias al calor de la hoguera, del huevo nació un niño muy pequeñito con rostro de hombre. Sí: del huevo salió un ser tan extraordinario que aprendió en pocos días a andar y a hablar como hombre.

La anciana lo amaba mucho, lo alimentaba bien y estaba tan orgullosa de su hijo que no le resultó extrañó que, al cumplir un año, dejara de crecer. Además, le salió una curiosa barba.

La gente del poblado se admiraba tanto de su aspecto, como de su gran sabiduría. Era despierto como una ardilla, y parlanchín como una guacamaya y sus grandes conocimientos maravillaban a la gente.

Ella lo llamó Aklax Winik, que significa Enano Corcovado. Ambos se querían mucho y vivían muy felices.

Los habitantes de Uxmal lo bautizaron como el Enano y así lo llamaban todos. La gente solía consultarle cuando tenían alguna duda o preocupación. Sus respuestas siempre los dejaba asombrados. Pasó el tiempo, y el enano de Uxmal conservó la fama de su gran talento.

Pero, además de inteligente, el Enano era observador y curioso. Se había dado cuenta de que su madre solía ocultarle cosas y pasaba largas horas frente al fogón, parecía cuidar el fuego de una manera especial. Así que, cada vez que la bruja salía de la choza, el Enano se ponía a husmear por todos los rincones de la humilde casucha. Y, durante semanas, nada halló.

Llegó el día en que quiso descubrir el misterio que encerraba el fogón de la bruja. Para ello el hombrecito ideó un truco para que la anciana se tardara al ir a buscar agua al cenote. El Enano hizo un agujero en el fondo del cántaro. Así, la bruja se pasó un buen rato intentando inútilmente llenarlo.

El Enano aprovechó para escarbar en el fogón, el único lugar donde todavía no había buscado.

—A ver si encuentro algo esta vez —se dijo.

Aklax quitó los leños de la hoguera y cavó por debajo. Excavó un buen rato, hasta que logró desenterrar algo que llamó su atención, un címbalo de oro, que tenía inscripciones mágicas que no podía entender. Luego encontró un maravilloso instrumento musical llamado tunkul, parecido a un tambor. El Enano, sorprendido por su descubrimiento no soportó la curiosidad y quiso tocarlos para ver cómo sonaban.

Cuando golpeó entusiasmado al tunkul con el címbalo se escuchó un singular silbido, tan agudo que hizo volar a todos los cuervos, guacamayas, pájaros reloj y quetzales que aún viven en la selva. Luego, un pavoroso trueno recorrió la península de Yucatán.

La madre, que aún estaba en el cenote, escuchó la rara y aguda música… y posteriormente, el fuerte estrépito. Sospechó de su hijo. Dejó el cántaro y se echó a correr muy rápido a su casa. Antes de que llegara, el Enano, impresionado había escondió nuevamente el instrumento entre las cenizas del fogón.

—Has sido tú —dijo la vieja—. Lo que has hecho no tiene remedio.

—No, madre, yo no fui —respondió el mentiroso—. De seguro ha sido un jaguar… o un pavo.

—Se escuchó un trino y luego una explosión —dijo la vieja, muy desconfiada.

El Enano siguió negando la verdad, pero la xpulya sabía lo que había ocurrido y no le creyó.

Mas, lo que el Enano no sabía era que existía una antigua profecía que afirmaba que el día en que se escuchara nuevamente el sonido del címbalo de oro, el rey del Mayab terminaría de reinar. La profecía también contaba que se alzaría sobre la tierra una ciudad fantástica, la cual recibiría el nombre de La Resplandeciente.

La comarca entera estaba en gran alboroto, pues todos conocían la vieja profecía: “Aquel que toque el tunkul con el címbalo de oro que están ocultos bajo la tierra y el fuego, será el nuevo rey de Uxmal y dominará todo el Mayab”.

El potente y mágico sonido también llegó hasta el palacio del Halach o rey de Uxmal e hizo temblar hasta las pirámides. El rey quedó impactado, porque no le agradaba para nada la idea de perder su reino. Así que, para enfrentar a su destino, envío una comitiva a buscar por todas partes al que había hecho sonar aquel poderoso tunkul.

Después de algunos días, los hombres del rey dieron con el paradero del Enano, quien fue llevado ante la presencia del monarca. Éste buscaba la manera de liberarse del vaticinio, así que, conocedor de la sabiduría del Enano, primero le preguntó al pequeño hombre qué se podía hacer para que no se cumpla dicha profecía.

—Dime Enano, ¿qué puedo hacer para que seguir reinando?

El Enano le contestó al monarca que debía mandar a construir un buen camino que conectara a Uxmal con su poblado natal, la ciudad de Kabah. Luego agregó:

—Mi respetado rey, cuando el sac—bé  entre Uxmal y Kabah esté terminado, yo volveré a ti para darte una respuesta.

El mandatario mandó a construir el sac—bé que se conserva hasta nuestros días, porque los mayas fueron grandes constructores de caminos. Sin embargo, el rey de Uxmal seguía en la búsqueda de otra forma de evitar su destino. Les consultó a sus sacerdotes y entre todos idearon unos retos a los que el Enano debía enfrentar:

—Si gana el pequeño hombre se quedará con el trono y Su Majestad tendrá que dejar de reinar. Pero no se preocupe, Su Alteza, no existe nadie en el mundo capaz de superar los trabajos que hemos planeado —explicó un sumo sacerdote.

Cuando el camino estuvo listo, la bruja acompañada de su protegido, se dirigieron a la ciudad Uxmal, donde una muchedumbre ansiosa esperaba conocer la respuesta que le daría el Enano al rey.

Al llegar, la xpluya dijo:

—Mi señor, debo comunicarte que mi hijo, el Enano, dará la solución solamente si el Rey supera una única prueba.

—Y bien, ¿en qué consiste?

—En dejarse romper encima de la cabeza el fruto más duro que se conoce en la zona yucateca, un cocoyol.

—Está bien. Reinará en Uxmal aquel de los dos que pueda resistir la quebradura de tres canastos de cocoyoles en la cabeza —Agregó uno de los sumos sacerdotes.

El mandatario aceptó con la condición de que fuera el retador quien realizara primero la prueba, el Enano accedió. Y ya estaba a punto de dejarse golpear el cráneo, cuando el rey le advirtió:

—Espera… Si has de ser el nuevo rey de Uxmal, antes deberás pasar por algunas pruebas donde demuestres coraje y sabiduría. Al final de estos retos, aceptaré el que tú me has propuesto.

—Bien… De acuerdo, acepto —respondió el Enano demostrando confianza en sí mismo.

Y así fue como, durante varios días, el monarca lo desafío a empresas tan difíciles que nadie creería que el Enano lograría vencer.

Estos retos habían puesto a la ciudad de fiesta. Parecía una gran feria. Por todos lados se oían alborotos y las notas rítmicas de la música maya. La gente estaba entusiasmada, querían saber quién sería el ganador.

El primer desafío fue contar en un minuto cuántos frutos colgaban de una ceiba.

—Aklax —dijo el soberano—, si consideras que tienes los conocimientos y la sabiduría necesaria para gobernar, y si crees que las cosas de la naturaleza son importantes para nuestro pueblo, dime cuántos frutos cuelgan de esa ceiba que ha visto pasar muchas vidas en el Mayab.

Ninguno de los sumos sacerdotes, mucho menos el rey, sabían que el Enano, entre sus poderes, podía comunicarse con los animales de la selva. Fueron ellos quienes le ayudaron a superar todas las pruebas.

Aklax sin titubear, le habló a Zotz, el murciélago, quien bajó rápido y se posó en su hombro. De forma tranquila contestó que equivaldrían a diez baktunes.

—¿Cómo puedes saberlo?

—El Señor de los murciélagos me lo ha confiado y yo le creo, así que si pretende desmentirme tendrá que contar Usted mismo los frutos, sin romper una sola hoja de la ceiba y esta misma noche.

El pueblo del Mayab admiró la sabiduría de Aklax y la forma tan especial de haberse comunicado y entendido con el Señor de los murciélagos.

El soberano, no de buena gana, reconoció públicamente que el Enano era digno contrincante, reconoció su triunfo y anunció que al día siguiente serían las restantes dos pruebas.

La hechicera estuvo despierta toda la noche y realizó secretos rituales para preparar a su amado hijo para las pruebas desconocidas que aún faltaban.

Halach, el rey, acompañado de su séquito, llegó a la plaza principal y le preguntó a Aklax si estaba listo; éste contestó con valeroso gesto que estaba preparado.

El siguiente reto fue elevarse y volar como los pájaros.

El monarca portaba una capa elaborada con el plumaje de las más hermosas y coloridas aves, además llevaba en la cabeza un penacho hecho con plumas de colibríes. La belleza de su indumentaria sorprendió a los presentes.

Aklax, el enano, conocía el lenguaje de los pájaros y tras silbarles, lo tomaron delicadamente y lo elevaron hasta el firmamento. Cuando el rey quiso volar, apenas si se despegó del suelo para caer de forma lamentable haciendo reír a los presentes.

Al final, llegó la mayor de las pruebas: resistir los golpes de los cocoyoles en la cabeza.

Cuentan los que cuentan viejos cuentos que el rey había mandado a construir una plataforma donde se llevaría a cabo el desafío. Un público numeroso llegó de lugares lejanos para presenciar el enfrentamiento. Según se había acordado, el hombrecito sería el primero en subir a la plataforma para afrontar el reto. El Rey esperaba verlo sucumbir al primer golpe y así no tener que enfrentar tan duro reto. Sin embargo, la vieja hechicera había colocado bajo el cabello de su hijo una placa de piedra para que pudiera soportar la prueba sin la menor consecuencia.

—Esta prueba será la definitiva —anunció el soberano— la totalidad de los cocoyoles que le corresponden a cada uno se romperán en nuestras cabezas. Será Aklax el que inicie la prueba. ¡Ah!, y el primero que muera será el perdedor.

El Enano subió a la plataforma y se plantó como un pequeño gran guerrero. Un hombre musculoso fue elegido para golpear el primer cocoyol en la cabeza del Enano, lo hizo con mucha fuerza, pero lo que vibró fue su mano, mientras el cocoyol se rompía en muchos pedazos sin que el Enano temblara siquiera. Los duros cocoyoles parecían ser muy blandos. El enano sonreía asombrado mientras le iban rompiendo cocoyoles en la cabeza y el resultaba ileso de la prueba.

Entonces el rey, espantado —ya que no quería que rompieran su cabeza a cocazos— intentó postergar lo inevitable. Sobrecogido de terror y deseoso de ganar tiempo, planteó al enano una serie de adivinanzas que fueron contestadas con sorprendente exactitud, ante el asombro y admiración de la multitud.

Como empezaba a oscurecer y el rey temía por su vida, se le ocurrió postergar su reto para el día siguiente, mientras pensaba en la forma de librarse de él. Así fue que invitó a su contrincante y a la anciana bruja a pasar la noche en su palacio.

El Enano aceptó la hospitalidad del rey y antes de retirarse a descansar le dijo:

—Agradezco tu hospitalidad, pero quiero que sepas que me quedaré con tu ciudad. Esta noche construiré un palacio digno de mí, ya que voy a ser el nuevo monarca. Y, además, debes saber que lo levantaré en una noche.

Todos los presentes se quedaron asombrados: ¿Era eso posible? El Enano había salvado las pruebas de una manera única, pero ¿construir un palacio en una noche?, eso resultaba totalmente improbable.

No para el Enano: al día siguiente, se alzaba al lado de la Gran Plaza del centro de Uxmal una hermosa e impresionante pirámide, de una belleza sinigual.

Hay historias que relatan que antes del desafío final, hubo una última prueba. Esta vez, el certamen fue planteado por el pequeño hombrecito.

—Cada uno construirá una estatua y la pondremos al fuego. La que respeten los dioses, será del que va a ser el rey, ¿aceptas? —retó el Enano al monarca.

Durante horas, el confundido rey, auxiliado por sus sumos sacerdotes, se puso a pensar en cuál sería el material más resistente e indestructible. Todos proponían increíbles materiales. Al fin, decidieron que se construiría una estatua de un metal más duro que el acero que en la actualidad conocemos. El rey mandó a fabricar un monumento impactante. Quienes veían su estatua alababan aquella magnífica elaboración. El monarca y sus sacerdotes ya saboreaban la victoria.

Cuando una comitiva enviada por el rey vio la estatua del Enano, se burlaron durante largo rato.

—¿Cómo esa simple escultura va a vencer a la espléndida estatua de nuestro rey? —dijo uno de los soldados de la comitiva.

—Pero… si está hecha de barro y agua —se burló un sacerdote.

—¿Piensas que vas a ganar con esa débil y mínima estatua? —Preguntó un tercero.

—¡Esa estatuilla nunca ganará a la de nuestro monarca! —exclamaron todos.

Y resultó que sometieron a ambas creaciones al fuego… La estatua de metal, al calor del fuego se derritió completamente. Mientras que la de barro, se fue cociendo como un tabicón y quedó dura como la piedra.

Al ver esto, el rey admitió su derrota.

La gente aclamó al Enano como su nuevo rey, quien les prometió lo que cumpliría:

—Haré de esta ciudad la más hermosa del Mayab, la tierra de los Mayas. Construiré en una noche casas y palacios para mi madre, para los sacerdotes y para todos los príncipes.

Y así fue.

Al día siguiente, la vieja ciudad amaneció convertida en la hermosa ciudad de Uxmal, conocida como La Resplandeciente.

Se sabe que en Uxmal floreció la poesía, la música, la astronomía y la medicina; su agricultura se refleja en la filigrana de sus templos y su arquitectura en la majestuosidad de sus edificaciones. Todas las artes y las ciencias nos recuerdan la grandeza del Mayab.

El enano gozó por algún tiempo de su nueva situación. Al suntuoso palacio, se le llamó y se le llama La Casa del Enano; recompensó a la vieja hechicera con un gran edificio, que hoy se conoce con el nombre de Casa de la Vieja, y cuando ésta murió mandó que le levantasen una estatua, cuya cabeza se exhibe todavía en la ciudad de Mérida, Yucatán, en la segunda calle de Progreso Sur.

Sin embargo, el pueblo nunca creyó en la muerte de la hechicera, y se dice que vive todavía en un subterráneo, junto a un estanque. Y que se lleva a los niños pequeños dejando a cambio jícaras de agua. Cuentan que los niños son devorados por una serpiente que acompaña a la bruja. De ahí que las familias que tienen hijos chiquitos jamás pasan por la casa de la bruja y nunca los llevan cuando van a buscar agua a los pozos o a los cenotes.

Cuenta también la leyenda que el Enano perdió la protección del dios Itzamná debido a su orgullo. Dicen que él mismo quiso crear un nuevo dios.

El ídolo de barro que con el fuego se endureció fue el principio de su final. Cuentan que el Enano le dio vida y que la estatua habló. Durante algún tiempo los habitantes de Uxmal le adoraron, por lo que fueron llamados en la antigüedad Kul Katob; esto es, “los adoradores del barro”.

Pero los dioses, ofendidos por el sacrilegio, enviaron guerreros que destruyeron la ciudad de Uxmal y aniquilaron a todos sus habitantes. Y así es como termina la leyenda que como me la contaron, te la conté. Espero la recuerdes por mucho tiempo y les cuentes a tus hijos y a tus nietos esta historia para que aprendan a no ser orgullosos como los reyes del viejo Uxmal.

Y, por cierto, si alguna vez vas a Yucatán, recuerda tener cuidado y alejarte de mujeres viejas que te ofrecen un poco de agua en una jícara, no vaya a ser que acabes siendo devorado por una serpiente.

 

 

Como verás, existen muchas versiones del Enano de Uxmal.

Este cuento nos enseña que “que el Enano perdió la protección del dios Itzamná debido a su orgullo. Dicen que él mismo quiso crear un nuevo dios.” Es decir, que el orgullo y la soberbia son destructivos y destructores, hay que cuidarse de ellos…

 

La que has leído es mi versión, espero te haya gustado. Y, por favor, busca el cuento original de Médiz Bolio, te invito a adquirir el libro LOS MAYAS PARA NIÑOS de la editorial Libros de Guillermo Murray, que muy pronto estará en AMAZON, si estás interesado/a mándame un correo electrónico a murrayguillermo@gmail.com para anunciarte el lanzamiento unos días antes. Gracias


 

Hace ya muchos años, trabajé en el Museo Nacional de Culturas Populares como curador de la exposición El oro del guiñol en México (homenaje a Roberto Lago). Y esto viene a cuanto porque en dicha entidad laboraba la doctora Sonia Cecilia Iglesias y Cabrera quien publicó junto a mí un libro sobre los títeres en México. A su vez, Sonia Iglesias resultó ser una experta en el tema de la panadería mexicana. Por ejemplo, El pan popular que encuentras en https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/579559/El_pan_popular_compl.pdf Y también, en Biblioteca Herdez, encontrarás: Los nombres del pan en la Ciudad de México

Por esa época yo trabajaba en la revista PAN, no de Acción Nacional sino de la CANAINPA (Cámara Nacional de la Industria Panificadora) y entrevisté a la maestra Sonia, como también a Cristina Barros y Mónica del Villar autoras del bellísimo libro El santo olor de la panadería

Como lo que te cuento ocurrió en 1995, sí, ya sé, ¡antes de que nacieras!, hace casi 30 años, pensé que era hora de retomar el tema. Al principio pensé en imitar el cuento (creo que fue publicado por Alfaguara, pero no lo recuerdo con exactitud) Todos comemos arroz y llamarlo, lógico: Todos comemos pan. La idea no cuajó por completo.

La segunda versión del cuento tampoco me gustó, porque parecía un listado de panes de todo el mundo. Así que, debido a mi gusto por el maravilloso imperio inca, decidí que el cuento ocurriría en una panadería (imaginaria) de la ciudad de Lima; y esto se debe a la ingente cantidad de granos que los incas descubrieron, cultivaron y modificaron para el consumo humano.

Bueno, ya que te conté los antecedentes, ahora sí, vamos al cuento:

 

El valor del pan

Guillermo Murray Prisant © Derechos Mundiales

Mi abuelo es panadero. Con él aprendí que:

El pan es el mejor compañero de todas las comidas, en el mundo entero. Tanto nos gusta, que se usa en frases y refranes como:

—A falta de pan, buenas las tortas —para significar que debemos conformarnos con lo que tenemos.

O: —Contigo, pan y cebolla —que dicen los enamorados, para dar a entender que el amor es más importante que el dinero o la comodidad.

Y cuando una persona es muy bondadosa, decimos que: —Es más buena que el pan.

 

Un día, él me enseñó el valor del pan:

El valor social del pan es evidente en Turquía, mi querido Juan, donde el pan es llamado ekmek (pan en turco). Se le valora no sólo por su valor como alimento energético; sino, porque el pan es sagrado y considerado una bendición de Dios.

—Me cuentas más…

Según la tradición, el profeta islámico Adán, patrón de los panaderos, fue instruido en el arte de la panificación por el Arcángel Gabriel. Y como el consumo de pan trasciende las clases sociales y se disfruta por igual entre pobres y ricos, entre los turcos el pan caído al suelo es recogido, besado y apartado para alimentar los animales; y hay un dicho relacionado que induce al respeto:

—Si pisas el pan, en piedra te convertirás.

El pan es identificado además con el esfuerzo, la recompensa por el trabajo:

—Ganarás el pan con el sudor de tu frente.

Y el ahorro. Un refrán turco muy bonito refleja ese amor incondicional:

—Llámale hijo, aunque sea tonto. Llámale pan, aunque esté seco.

 

Como se venía un concurso de panes llamado Festival del Pan, le pregunté a mi abuelo qué panes pensaba preparar para el acontecimiento. El respondió:

Blanco o negro, inflado o chato, salado o dulce, duro o blando, grande o pequeño, sólo o acompañado: en diferentes sitios de la Tierra ¡todos comemos pan!

—¿Todos?, abuelo.

—Sí, Juan… El pan tradicionalmente se elabora con trigo (o con otros cereales parecidos como son el centeno o la cebada) y su manufactura se remonta a muchísimo tiempo atrás. Pero hoy te contaré de cómo hacer pan sin trigo.

—¡En serio!

—Para esto, un poco de historia…. Los primeros cereales recolectados por manos humanas se encontraron en excavaciones arqueológicas y se descubrió que antes de la agricultura, ya hacían pan.

—¿Elaboraban pan?

—Sí. Quizá distinto al nuestro, sin levadura ni fermentos, pero pan al fin de cuentas y te explico la razón: cuando los grandes mamíferos se extinguieron al término de la última glaciación, nuestros antepasados se vieron en la necesidad de encontrar alimentos. Ellos conocían los cereales, porque los recolectaban; incluso como te decía antes de que se aprendiera a cultivarlos, la gente preparaba pan y galletas, como fue la Rosca de Reyes, un pan dulce y con frutos secos que se cocía en hogueras al aire libre, hace miles de años, aunque la receta haya variado mucho con el paso del tiempo y ya no usemos piedras de cocción sino hornos.

—¿Y cómo era esa rosca?

—Un regalo para los reyes… Hay que imaginarlo: los nómadas recolectaban cereales, como eran muy duros para comerlos crudos probaron a tostar las espigas, y les gustó el resultado. Tiempo después quitaron el grano de la paja, con la intención de tostar el cereal sin basura. Lo ingenioso fue pasar del tostado al molido del trigo, la cebada o el mijo para obtener harina, ese sí que fue un gran hallazgo. Con esta harina hicieron tartas para sus gobernantes.

—Entonces, sólo de trigo se hace el pan…

—No, no. Espera y te explico. Para el año 8000 antes de nuestra era en una extensa zona que comenzaba en Anatolia (Turquía) y llegaba hasta el actual Irán, nuestros antepasados descubrieron cómo cultivar trigo y cebada, plantas que crecían en los climas templados, para obtener harina de ellas. Pan viene del idioma latín y quiere decir “todo”. Pero no solamente ocurrió la agricultura en Mesopotamia. El fenómeno fue mundial. Lo que ocurre es si bien todos los seres humanos comemos pan, no en todas partes se elabora con trigo, pues existen otros cereales de donde se extraen harinas y féculas.

—A ver, dame ejemplos o explícame más.

En América sucedió algo similar a lo ocurrido en Mesopotamia. Hacia el año 5000 antes de nuestra era, dos pueblos (al menos) descubrieron la agricultura. Uno de los hallazgos arqueológicos se ubica al norte de México y sur de Estados Unidos, en la actual provincia de Tamaulipas, donde los científicos dataron maíz de aquel tiempo. El otro, igual de importante por la fecha, fue en Caral, en el actual Perú, donde, nuevamente, los arqueólogos encontraron cultivos milenarios.

¿Y qué cereales comían?

—Los que encontraban… Como no tenían proteínas a la mano, las que anteriormente les proporcionara la carne de mamut o de ciervo, encontraron que la mezcla de cereales con leguminosas y un tercer elemento añadido, podría darles lo que necesitaban. Y de esta forma nacieron las grandes culturas gastronómicas.

—¿Culturas gastronómicas? ¿Eso qué es?

—Cuando muchos pueblos y culturas consumen un mismo tipo de alimento, aunque no se parezcan entre ellos, hablen idiomas distintos y vivan en regiones distantes, los llamamos así. La primera se llama la Cocina del Trigo. Aunque es más conocida como Cocina Mediterránea, ya que casi todos los países que hacen pan con trigo se encuentran cerca del Mar Mediterráneo. En la zona de Egipto y Mesopotamia, como también en Grecia y Roma antiguos, a los obreros se les pagaba con una ración de pan, ajo y aceite de oliva…

¿Por qué?

Porque estos tres alimentos reunidos, proporcionan lo necesario para que un adulto pueda vivir. En Roma los soldados recibían un poco de sal y de ahí viene la palabra salario. Recuerdas el dicho: “pan y agua”, pues eso mismo…

—¿En dónde más, fuera de Europa y parte de Asia comen pan?

—Esto es lo interesante, escucha, Juan. Donde no se cultiva el trigo, el pan se hace con arroz o con mijo, como en la lejana China y otros países de Asia. El trigo fue introducido siglos más tarde, cuando el comercio entre Europa y Asia se desarrolló.

¿La tríada mágica de los alimentos en el Antiguo Oriente no lleva trigo?

—Pues no. A esta la llamaremos la Cocina del Arroz, el cereal más consumido en el mundo y si bien se puede elaborar pan de arroz, lo cierto es que este grano se lo consume hervido por lo general y a la dieta se le añade col fermentada y salsa de soya, este es el trío mágico de Oriente, el cual permite alimentar a media humanidad.

¿Se elaboran panes con harina de arroz?

La respuesta es sí, aunque lo curioso de este tipo de panes es que no forman corteza, por lo tanto, son una gran miga blanda y esponjosa. A la que suelen rellenar con guisos dulces o salados. Una delicia.

—¿Dónde más?

Al trío alimenticio lo encontramos en México: a las tortillas de maíz se le suman los frijoles y el chile. Curioso invento este de las tortillas: sirven de cubierto, mantel, plato, servilleta y pan al mismo tiempo... Con esta masa, se elaboran los famosos antojitos de México: sopes, memelas, flautas, tlacoyos, gorditas, enchiladas y chalupas. Sin olvidarnos de las deliciosas quesadillas. Con las tortillas duras y fritas, se hacen tostadas y chilaquiles.

—¿Y aquí, en Perú?

En el Tahuantinsuyo, nombre que los incas dieron a su imperio, se cultiva desde antaño una gran variedad de semillas y granos, lo que permite una dieta muy variada en la que no encontramos el trío alimenticio antes señalado, en cambio, abundan los panes que no tienen trigo (los prehispánicos) y aquellos que lo incorporaron a su receta.

—¿Haremos uno de estos panes, abuelo?

—Sí, Juan, claro que eso haremos. ¿Me ayudarás a prepararlo?

—¡Claro! A eso vine…

—Lo primero será conseguir los ingredientes.

—Ya sé, ¡compraremos maíz!

—Tibio, tibio… mi querido Juan. Va a llevar muchas cosas más. Primero viene la explicación y luego ponemos manos a la obra. Como el maíz fue un alimento popular antes de la llegada de los europeos, se llama Cocina del Maíz a la que elaboramos en América, aunque todos sabemos que existen grandes diferencias entre las dietas del norte y el sur del continente americano, lo cierto es que podemos coincidir en que este cereal, el maíz, nos confiere identidad. Además del maíz, en América hay semillas similares a las de los cereales, como es el amaranto, usado en México; o la quinua en Perú, que también se emplean para fabricar galletas, pasteles y panes dulces. En América del Sur se elabora pan con papas o mandioca, tubérculos que contienen almidón en gran cantidad, de los que se obtienen panes sabrosos. En Paraguay te encuentras con panes elaborados con harina de mandioca en forma de grandes y pequeños aros que se comen calientes o tibios, se les llama chipá y pueden prepararse con queso. ¡Hay que comerlo rápido! Porque al enfriar, se ponen duros como la piedra. En Perú, a los panes dulces hechos con mandioca se les llama picarones y se sirve con miel de chancaca. También en Brasil y en la región de las Antillas se crea un pan de mandioca llamado cazabe. Es un pan difícil de preparar porque la mandioca puede ser indigesta. Pero una vez que se le extrae lo amargo, la harina que queda es deliciosa.

—Entonces, abuelo, ¿qué pan vamos a preparar?

—Un momento, jovencito, ya falta poco… Con la masa de maíz mezclada con grasa, envuelta en las hojas secas del maíz y puesta a cocer en la olla vaporera se hacen los deliciosos tamales.

—¿Los tamales son pan?

—Definitivamente. Así como la llamada Rosca de Reyes evolucionó en Europa desde el inicio del Neolítico, también en América los pueblos oriundos aprendieron a añadir golosinas a la masa cruda del cereal, para luego hornearlo o hervirlo, y comerlo aún tibio acompañado de café o chocolate con leche.

—¿Vamos a elaborar un tipo de tamal?

—Pues no, Juan, no exactamente… Otro tipo de panes elaborados con harina de maíz son las arepas de Colombia y Venezuela, así como otros estados de Centroamérica, son redondas, pero no tan chatas ni delgadas como las tortillas, y se comen rellenas de carne o con mantequilla. Y en América del Norte el pan más crujiente de todos es el de harina de maíz que se elabora en el sureste de Estados Unidos. Se le llama boronas y es tan quebradizo que se rompe en muchos trocitos al primer bocado.

—Ya dime, abuelito: ¿qué pan vamos a hacer para el concurso?

—Como te dije, tanto les gustó el maíz a los europeos, que se lo llevaron para Europa. ¿Qué sería de Italia, sin la famosa polenta? ¿O del resto de América, sin arepas, choclos y mazamorra? Del maíz, además, se extrae deliciosa miel, hojuelas para el desayuno, aceite para cocinar y por supuesto... las famosas palomitas, pop—corn o pochoclo: un invento de los aztecas para que hoy puedas disfrutar del cine.

—Sigo sin entender qué pan vas a hacer…

Pan del Inca.

—Oye, abuelo, pero ¿con qué ingredientes?

—Toma nota. Compraremos lo siguiente: linaza, trigo, cebada, cañihua, kiwicha, maíz y arveja, lo que lo convierte en un súper alimento recomendado para preservar la salud.

—¡Eso lo convertirá en un súper pan! ¡De seguro ganamos el concurso!

—¿Ganamos?

—Bueno, yo te ayudaré a preparar el Pan del Inca.

—Oye, Juan, comprenderás que ningún inca comió ese pan… aunque en el festival nos servirá de ejemplo para ilustrar la enorme cantidad de productos peruanos vigentes desde antes de la Conquista. Y que ahora regresan a la mesa mundial, como obsequios de Perú al mundo.

 

Y tú querido amigo lector, qué piensas: Juan y su abuelo panadero ¿habrán ganado en el concurso del Festival del Pan? Un final abierto para que puedas brindar tus conclusiones.

 

Espero te haya gustado.

¿Te recomiendo un libro?

SI JUEGAS CON FUEGO de la editorial Libros de Guillermo Murray, que muy pronto estará en AMAZON, si estás interesado/a mándame un correo electrónico a murrayguillermo@gmail.com para anunciarte el lanzamiento unos días antes. Gracias


 

El siguiente cuento estoy muy seguro de que te va a encantar. Nuevamente es una leyenda maya, a la que en su oportunidad convertí en un cuento destinado a los niños que están entre tercero y quinto de primaria.

No hace falta que cite fuentes ya citadas en un cuento anterior. Fue publicado por Selector SA de CV y, además, la envié a The Psychological Corporation, una editorial estadounidense que trabaja con población de habla hispana.

 

LA LEYENDA DE LA PAPAYA (SÍNTESIS)

Guillermo Murray Prisant © Derechos Mundiales

Había una vez dos niños mayas quienes vivían en el sur de México y se llamaban Nicté y Balam. Una mañana, Balam oyó una risa detrás de un árbol. Entonces vio a un hombrecito pequeño y viejo, que comía algo que tenía en su mano.

—¿Quién eres? —le preguntó.

—Me llamo Kin Chob. Conozco toda la selva y sus frutos. Cómo éste tan delicioso que ahora como —dijo el hombrecito.

—¿Me das? —pidió Balam.

El viejo accedió. A Balam le encantó y llamó a su hermana. El viejo les dijo que ese fruto se llamaba chick put y que podía convidarles por ser niños; pero que no debían dárselo a los hombres porque se adueñarían de la selva para quitarle todos sus frutos.

Nicté y Balam regresaron a casa. Kin Chob les regaló una chick put y les pidió que volvieran al día siguiente, cuando les daría un poco más de aquella delicia.

Durante la comida, su padre observó la fruta y les pidió que le convidaran. Cuando la probó sintió un gran deseo de comer más. Entonces los niños le contaron la historia del viejo de la selva. Su padre les dijo:

—Llévenme con él.

Pero ya era de noche y se perdieron en el camino. Su padre se enfadó y les dijo:

—No saldrán de casa hasta que no me digan dónde han hallado la fruta.

Como los niños no regresaron a la selva, Kin Chob fue a buscarlos y pidió que le dejaran ver a los niños. Pero los padres lo atraparon dentro de un costal.

—Déjenme ir —pidió el viejo.

—Sólo si nos dices dónde hay fruta.

Kin Chob dijo que sí, pero con la condición de llevarse a los niños con él, a cambio. Los esposos aceptaron. Y el viejo los condujo donde los árboles de chick put o papaya.

Los padres se volvieron ricos, porque venía mucha gente a comprar papayas. La gente quería comer más y más de aquella maravilla. Pero estaban tristes porque se dieron cuenta de que la riqueza sin sus hijos no tenía sabor alguno.

Nicté y Balam se quedaron a vivir con Kin Chob para siempre y fueron cuidadores de la selva.

 

El equipo de cuentacuentos, narradores y lectores en voz alta de la empresa Libros de Guillermo Murray trabaja con este material desde hace 10 años. Y el esquema de trabajo es el siguiente:

TRABAJO DE LEO y CUENTO

LOS DIÁLOGOS SE DRAMATIZAN, EL RESTO SE LEE

 

LA LEYENDA DE LA PAPAYA

Guillermo Murray Prisant © Derechos Mundiales

PERSONAJES: NICTÉ

                        BALAM

                        KIN CHOB

                        PAPÁ y MAMÁ

 

En una selva del sur de México, vivían dos niños mayas Nicté y Balam. Una mañana Balam escuchó una risa que venía de un árbol. Detrás de este árbol salió un hombrecito que comía algo que llevaba en su mano.

BALAM (sorprendido): ¿Quién eres?

KIN CHOB (saboreando el fruto): Mi nombre es Kin Chob, vivo aquí en la selva, conozco todos los frutos que aquí hay (mordiendo el fruto), como éste —tan delicioso— que estoy comiendo. Mmm.

BALAM (saboreándose): ¿Me das? (estira la mano)

KIN CHOB: ¡Anda, come, come!

BALAM: ¡Gracias! (come el fruto)

KIN CHOB: ¿Qué te parece? Deliciosa, ¿verdad?

BALAM: ¡Sí, rica, muy rica! (Llama a su hermana) Nicté…

NICTÉ: ¿Qué comes, Balam?

BALAM (alzando los hombros): No sé cómo se llama, pero sabe delicioso... prueba Nicté, pruébala.

NICTÉ (saborea): ¡Qué rico! Sí, sabe rico, ¿qué es?

KIN CHOB: Es… chick put.

BALAM y NICTÉ: ¿Chick put?

KIN CHOB: Sí, chick put es el fruto más delicioso que hay aquí en la selva, ¡ah, pero sólo a ustedes les puedo convidar, sólo a ustedes y nadie más!

BALAM: ¿Por qué sólo a nosotros?

KIN CHOB: Porque son niños…

NICTÉ: Y… ¿mis padres?

KIN CHOB: ¡No! Los adultos no deben probarla.

NICTÉ y BALAM: ¿Por qué?

KIN CHOB: Porque los adultos se adueñarían de la selva y (levanta los brazos y señala toda la selva) y se acabarían todos, todos sus frutos, dejarían vacía la selva (cabizbajo) sin estos deliciosos frutos.

BALAM: ¡Eso no! ¡Yo quiero seguir comiendo chick put!

NICTÉ: Yo también, ¡qué no se los acaben!

KIN CHOB: Tengan una chick put; disfrútenla y vuelvan mañana, les daré más, ya vayan a su casa que ya se está haciendo de noche.

Nicté y Balam regresaron muy contentos a casa, dejando al hombrecito que seguía comiendo chick put. Al siguiente día, a la hora de la comida...

PAPÁ: (Observa con curiosidad lo que Balam tiene en sus manos) ¿Qué es eso Balam?

BALAM: Es una chick put, sabe deliciosa.

PAPÁ: Si sabe deliciosa, entonces convida…

BALAM: Sí, papá, (parten el fruto, muy feliz)

NICTÉ: Yo quiero más, dame, Balam, dame más.

PAPA: (Se levanta con el trozo de fruta en la mano) ¡Por todos los dioses...! ¡Qué delicia, sabe a paraíso! ¡Quiero más, dame más, Balam, anda hijo dame un poco más!

Balam entonces recordó lo que el hombrecito le dijo y dudo en darle más a su papá.

BALAM: El hombrecito nos dijo que...

PAPÁ: ¿Cuál hombrecito?

BALAM: Kin Chob, ese es su nombre y vive en la selva.

PAPÁ: ¿En la selva? ¿Un hombrecito? Dime, Balam, de dónde sacaste este fruto, ¿dónde la encontraron?

BALAM: Nos la dio Kin Chob, el hombrecito…

PAPA: ¿Kin Chob?

NICTÉ: Sí, papá, es el guardián de la selva, él la cuida y también cultiva a las chick put.

PAPÁ: ¡Llévenme con él de inmediato! De seguro es un alux protector, un duende de la selva y quiero saber qué quiere a cambio de las frutas.

Salieron a buscar el lugar donde se habían encontrado con el hombrecito, pero ya era tarde, había obscurecido y se perdieron en el camino, el padre se enfadó.

BALAM (confundido) Es... o era… ¿por aquí? No, creo que era por acá…

NICTÉ: No, Balam, por aquí no era, creo que era por ese árbol.

PAPA: (enfadado) ¡No saldrán de la casa! Bo lo harán hasta que me digan donde esta ese Kin, Gin, Cin ¡o como se llame ese alux!

BALAM y NICTÉ: Kin Chob.

Los niños no regresaron a la selva, eso preocupo a Kin Chob, así que fue a buscarlos a su casa y pidió que lo dejaran verlos.

KIN CHOB: ¡Buen día! ¿Hay alguien en casa?

Cuando el papá se dio cuenta, fue por un costal.

PAPA: (Abre y mira hacia abajo) ¿Quién eres tú?

KIN CHOB: Soy Kin Chob, ¿puedo ver a Balam y Nicté?

PAPÁ: Pase, pase… voy a llamar a los niños, espere… En cuanto el alux entró, zas, lo atrapó en el costal.

PAPÁ (llamando a su mujer): ¡Mujer, mujer, ayúdame!

Entre los dos, sujetaron al hombrecito en el costal.

PAPÁ y MAMÁ: ¡Te atrapamos!

KIN CHOB: ¡Déjenme ir, suéltenmele! Tengo que ir a regar la selva.

PAPÁ: Te soltaremos, sólo si nos dices donde hay más chick put.

KIN CHOB: Está bien, pero con una condición…

PAPÁ: ¿Cuál condición?

KIN CHOB: Me llevaré a Balam y a Nicté a cambio.

Los padres lo pensaron por un momento, sólo un pequeño momento y decidieron:

PAPÁ: Está bien ¡Llévatelos! Ahora dinos: dónde hay más fruta…

El hombrecito los llevó por la selva hasta llegar a los árboles de chick put o papayas, los padres corrieron a cortar los deliciosos frutos, sin siquiera ver que el hombrecito se alejaba con Balam y Nicté.

PAPÁ: ¡Sólo unas cuantas! (Abraza un montón de chick put), unas pocas ya y seré millonario.

MAMÁ (Sin dejar de comer): Las llevamos ¡y las vendemos!

PAPÁ: ¡Vamos por la carreta! Así nos llevamos cientos…

Los padres se volvieron ricos, porque venía mucha gente a comprar papaya. La gente quería comer y comer y comer más y más de aquella deliciosa fruta… pero estaban tristes, les faltaba algo para ser completamente felices: ¡sus hijos!

PAPÁ: ¡Quiero a mis hijos!

MAMÁ: Vamos por ellos…

Pero su búsqueda fue en vano, no los encontraron, buscaron por toda la selva.

PAPÁ y MAMÁ: ¡Balam! ¡Nicté! ¿Dónde están?

Balam y Nicté se quedaron a vivir por siempre con Kin Chob y se volvieron cuidadores de la selva. Si algún día visitas la selva de Yucatán y pones atención, verás que aún se escuchan sus risas encantadas.

 

ISBN 10: 9706435255

ISBN 13: 9789706435255

Editorial: Selector S.A. De C.V., 2004

Lo que ampara desde hace casi 20 años mi autoría.

 

Las que has leído son versiones que escribí hace ya un tiempo, porque me encanta esta leyenda. Se han publicado en México y en Estados Unidos. Ahora están disponibles para todo el mundo. Recuerda, puedes traducirla y publicarla en Internet o en otros medios digitales, pero está totalmente prohibida su reproducción impresa. Además, si como editor de libros pensabas usarla para lucrar con libros de lectura para tercero, cuarto o quinto de primaria, comprenderás qué inútil te resultará con ese propósito, ya que los cuentos se encuentran en toda la red, distribución libre y gratuita. No impresa. Di NO a la piratería. Di NO al plagio. Di NO al abuso de confianza.

 

Espero te haya gustado. ¿Qué te parece si escribes tu propia versión? No importa que sea breve o condensada, lo que importa es que sigamos preservando esta tradición popular.

 

Te invito a adquirir el libro LOS AZTECAS PARA NIÑOS de la editorial Libros de Guillermo Murray, que muy pronto estará en AMAZON, si estás interesado/a mándame un correo electrónico a murrayguillermo@gmail.com para anunciarte el lanzamiento unos días antes. Gracias


 

Hace unos 3 o 4 años invité a quien era mi concubina, Ana Mirella Rivera Noceda, y a su hija, Sarah Alicia García Rivera, a un viaje a Perú. Ellas dirán que pagaron su parte, pero como tengo las facturas de los vuelos de avión, podrá comprobarse muy fácilmente que el gasto mayor recayó en mis bolsillos. Eso no importa demasiado.

Lo que sí es importante es que pasamos una parte de las vacaciones nadando con tortugas en la localidad de Los Órganos, al norte del Perú, rumbo a Ecuador. Y tanto fue mi entusiasmo que decidí escribir algunas historias en torno al país hermano. A continuación, te presento dos de éstas.

La primera está basada en documentales de YouTube. En especial, cito:

https://www.youtube.com/watch?v=aQ4dm_wjh3I

https://www.youtube.com/watch?v=d74RzbNsuKI

 

La segunda historia tiene antecedentes más antiguos. Una de mis novelas favoritas, la cual te invito a leer, se llama El abecé del perro que habla (está publicada en Libros de Guillermo Murray que muy pronto estará en AMAZON, si estás interesado/a mándame un correo electrónico a murrayguillermo@gmail.com para anunciarte el lanzamiento unos días antes. Gracias) Uno de los personajes de la novela es un exguerrillero tupamaro, nacido en Uruguay, quien recibió el nombre de José Humberto en castellano, pero al irse a residir a Brasil fue llamado Zé Umberto.

¿Tupamaro? ¿Qué quiere decir “tupamaro”? Para explicártelo en pocas palabras, es un seguidor de los ideales políticos de Tupac Amaru. Seguidor de Tupac Amaru: tupamaro.

El cuento Ha nacido un cóndor es un homenaje a este héroe de la Independencia de América Latina, un ejemplo de valentía y coraje.

 

Isla Foca

Guillermo Murray Prisant © Derechos Mundiales

Vivimos en un mundo que hasta ahora abusó de la Naturaleza sin importar los resultados; la consecuencia ha sido el calentamiento global y la erosión biológica, es decir, la extinción de formas vivas. Los cálculos actuales establecen que entre el 15 y el 25% de la fauna terrícola desapareció paulatinamente desde la llegada del Homo sapiens.

Pero no todo está perdido e investigadores, técnicos, profesionistas de muchos campos, ciudadanos de a pie y hasta niños de distintas edades estamos colaborando para evitar un desastre mayor. Y eso por eso que la visita a Isla Foca me causaba tantas expectativas.

Cuando niña soñé que algún día iba a convertirme en bióloga marina. Me encanta el mar, nadar en él o simplemente dejarme flotar; me gusta el atardecer con el rumor de las olas y cómo el sol se pierde de a poco en el rojo horizonte mientras gaviotas y pelícanos graznan las buenas noches. Pero lo que más me atrae es bucear. Me capacité muchas horas para convertirme en buzo profesional; aprendí a respirar por la boquilla, a controlar mis inspiraciones si me pongo nerviosa o me siento en peligro y la forma en la que debo ascender muy lento desde la profundidad para que los gases que están en mi sangre no formen burbujas que pudieran resultar fatales.

Si has estado alguna vez en el norte de la costa peruana habrás notado que la orilla marítima de nuestro país es una franja arenosa cuya fauna no es muy abundante; sin embargo, al alejarte de la costa en pos de los arrecifes de coral, la vida subacuática resulta cuantiosa. En especial alrededor de la Isla Foca.

¿Dónde está la isla? En un punto excepcional. Una zona marina particular, ya que allí se unen la corriente de Perú (hasta hace poco llamada corriente de Humboldt) que procede de la Antártida y, como es lógico, sus aguas son heladas; y, la corriente ecuatorial de aguas templadas, lo que hace favorable la presencia de especies asociadas tanto a aguas frías como a aguas tibias.

¿Y dónde se produce este punto mágico? La isla Foca se encuentra ubicada en la costa del departamento de Piura, a veinte km al sur de la ciudad de Paita y a un kilómetro de la costa, frente a la caleta de pescadores La Islilla.

Fue a La Islilla donde llegamos. Desde allí tomamos una lancha con motor fuera de borda. La isla tiene un relieve accidentado con hondonadas profundas y acantilados que presentan alturas aproximadas de cuarenta metros, interrumpidas por cantos rodados y playas que son el resultado de la acción del viento y del océano. La verdad es que no se veía adónde íbamos a desembarcar, hasta que viramos al lado Este, ya que las playas son muy escasas en isla Foca y la única playa de arena es Playa Blanca.

Me asombró que los pescadores tuvieran tal cantidad de aparejos de pesca, en especial trampas para langostas. Pero uno de nuestros acompañantes, llamado Jorge Novoa, nos explicó que la “caza” de artrópodos sólo se permite en la época en que no hay veda, ya que muchas especies de crustáceos viene a desovar en los arrecifes cercanos.

Fue cuando realizamos la primera inmersión que comprendí la exuberante riqueza del lugar. La conjunción de las aguas oceánicas permite la vida de al menos tres ecosistemas no tan rígidamente diferenciados, porque hay habitantes de zonas polares, como los pingüinos de Humboldt que encuentran en los pedregales de la isla Foca el lugar más septentrional donde anidar; al lado de tortugas verdes, típicamente tropicales. Y eso no es todo, porque al mezclarse las dos corrientes hasta igualar la temperatura de sus aguas, producen un tercer nicho de vida, en especial se encuentran corales que únicamente viven en esta zona de tránsito.

Salí a descansar. Pedí ayuda al conductor de la lancha. Y fue el mismo Jorge Novoa quien me ayudó a treparme al bote. Cuando salgo del mar me gusta respirar hondo y dejar que mi olfato me recuerde dónde estoy: cada playa posee un aroma diferente. Percibí el sutil y único aroma del océano Pacífico, algo de la gasolina quemada por la embarcación y el perfume lejano de las guaneras.

—¿Cómo le fue, señorita? —preguntó muy atento y amable.

—Es maravilloso —le respondí.

—Sí, estoy de acuerdo con usted. Es por ello por lo que acudimos a ustedes, los llamamos para que nos ayuden a la preservación de esta riqueza natural.

Pensé que hoy ya era tarde para una nueva zambullida, así que opté por quitarme el traje de neopreno y hablar con aquel amigo.

—¿Cuál es el mayor peligro? —pregunté.

—En nuestros días se han dado licencias de pesca a barcos internacionales que con sus redes de arrastre drenan el fondo del mar, estos aparejos matan parejo: criaturas óptimas para servirnos de alimento, claro, pero junto a ellas van tortugas, aves, peces pequeños, huevas… Si dejamos que este saqueo continúe, no sólo nos afectará como pescadores, ya que nos mantenemos con una pesca que no daña al medio ambiente, sino que al final acabará con la vida marina.

El resto de la jornada transcurrió de modo pacífico y sin incidentes. Regresamos a puerto y varamos la lancha en la playa. Fuimos a casa de Jorge Novoa a cenar y tomar una cerveza. Planificamos la aventura del siguiente día.

Como acordé con mi nuevo amigo, nos levantamos antes del amanecer. Tomé mi equipo fotográfico y mi traje de buceo, y luego de un café negro bien cargado y un par de cachangas con queso recién hechas, nos dirigimos al mar.

En mente tenía ahora bien claro cuál sería el objetivo de mi misión: fotografiar y documentar la variedad silvestre, en especial las especies autóctonas o endémicas a las que el gobierno peruano deberá proteger, con un cuidado mayor de aquellas que se encuentran amenazadas o en peligro de extinción.

Cuando comenzó a amanecer pude contemplar un espectáculo magnífico: un ciento de chuitas volaba alrededor de la isla Foca, le acompañaban algunos pelícanos peruanos que parecían no muy convencidos de madrugar. Y entre las piedras, a lo lejos, vi a la Golondrina de la tempestad peruana y el pilpilén negro.

—Son muchos los pájaros que anidan en los roquedales —me explicó Jorge Novoa. Y me dio un folleto en donde estaban fotografiados el piquero patas azules, el pelícano pardo, el piquero peruano, el cormorán neotropical, el cormorán de patas rojas, el cormorán guanay, el ave fragata magnífica, la gaviota dominicana, la gaviota peruana, entre otras.

—Usted debe saber que años atrás era frecuente los avistamientos de ballenas jorobadas, pero los buques factoría y los barcos de extermino las han alejado —me dijo con mucha tristeza Jorge Novoa.

Luego de un rato en el que aparentemente dimos media vuelta a la isla Foca, mi guía me dijo:

—Es aquí.

Tomé mi equipo y me sumergí.

No habrían pasado ni cinco minutos cuando hicieron su aparición, son animales muy curiosos y mi presencia llamó su atención, así que se acercaron con cautela para ver qué cosa era yo. La gran mayoría era de lobos marinos conocidos como lobo chusco sudamericano que es abundante en el sur del continente; pero no eran ellos el objetivo principal de mi búsqueda, sino un primo de ellos, conocido como lobo marino fino sudamericano.

Hasta hace poco se creyó que el lobo marino fino sólo vivía en las islas Galápagos del Ecuador, pero cuando se descubrió que existe una pequeña colonia reproductiva en isla Foca, el entusiasmo de los científicos y los conservacionistas fue mayúsculo, porque su existencia protege a este animal de la extinción.

No pude hallar a ninguno. Sin embargo, Jorge Novoa no se decepcionó y me dijo:

—El lobo fino peruano prefiere las costas e islas de superficie accidentada, a menudo de difícil acceso para los humanos, continuamente golpeadas por el oleaje marino, como ser promontorios rocosos, y cornisas de acantilados, pudiendo treparlos ágilmente hasta notable altura, hábito que no acostumbra a hacer el lobo de un pelo. Si usted quiere, podemos acercarnos a su colonia porque este animal no efectúa migraciones estacionales y frecuenta los mismos apostaderos todo el año.

—¡Vamos!

Ya calentaba el sol cuando llegamos al rinconcillo de la isla donde viven y pernoctan, una docena de hembras estaban tendidas al sol quizá dormían o soñaban. Prefieren los lugares con cuevas cercanas, porque las hembras paren una sola cría no en la arena o en el despeñadero, sino en un nicho oculto o resguardado por las piedras verticales del acantilado. Un macho las custodiaba y oteaba en el horizonte en busca de otros lobos contrincantes, nosotros no le llamamos la atención.

—Les gusta comer pulpos —dijo Novoa—. Voy a pescar unos cuantos para luego llamarlos e invitarles un almuerzo gratis, de ese modo le será fácil fotografiarlos.

Y así lo hizo. Se quitó la camisa, asió un garfio con su mano, se colocó un visor y se arrojó al agua; pasó poco tiempo cuando el pescador recolectó una media docena de cefalópodos.

El llamado de los lobos fue un espectáculo; no fue una reacción inmediata, daba la impresión de que las hembras, quizá una docena, tenía demasiado sueño para asistir al convite y el macho estaba muy entretenido para pensar que era hora de comer. Al final y casi a regañadientes, una a una se arrojó al mar y se aproximaron con cautela.

El lobo fino es el más pequeño de la familia de los lobos marinos. Cuando el macho se me acercó para reclamar la porción de pulpo que le correspondía, comprobé que tendría más o menos mi tamaño: metro y medio de longitud y tal vez menos de sesenta kilos.

Tomó su parte con alguna delicadeza y fue el momento propicio para que pudiera sacarle un retrato, además del centenar de fotos que había tomado de él y de su harem.

Y eso sí que fue importante.

Quiero difundir que los lobos marinos finos de la isla Foca, una especie endémica, esto es, que sólo reside en este lugar del mundo, se ve afectado por El Niño, por la oscilación del Sur, la anomalía del sistema acoplado océano-atmósfera que se caracteriza por calentamientos y enfriamientos del océano que afectan significativamente en los procesos oceanográficos y meteorológicos a escala regional y global. En especial afecta a estos mamíferos, porque las crías se amamantan por dos o tres años y suelen competir con los recién nacidos; de tal forma que cuando las condiciones ambientales son menos favorables, caso de El Niño, la mortandad entre jóvenes y crías es mucha.

—Son pequeños —le dije a Jorge Novoa.

—Sí, es verdad. Los primeros pescadores no pensaron que fuesen lobos de mar, sino focas. Y así llamaron a la isla Foca.

Mi documental se llamará Salvemos al lobo fino del mar peruano.

Lo primero que voy a escribir es:

Vivimos en un mundo que hasta ahora abusó de la Naturaleza…

Quizá nuestra misión en la Tierra sea convertirnos en pastores conservacionistas de lo que la Naturaleza produjo en miles de millones de años. Y lo hagamos para cuidar de nuestros cachorros, porque un mundo sano y sin inminentes peligros de extinción, nos da la oportunidad de sobrevivir como especie, al heredar a nuestros hijos la genética de la vida silvestre tal y como nos fue entregada.

 

Ha nacido un cóndor

Guillermo Murray Prisant © Derechos Mundiales

Cuando nació el 19 de marzo de 1738 en aldea de Santa Bárbara Surimana, provincia de Tinta, obispado de Cusco, tenía los ojos bien abiertos, y en sus iris se reflejaban las últimas orillas de sus sueños prenatales: la mágica ciudad de oro refugiada en los Andes.

Su padre fue un cacique quechua y su madre una mestiza. Al ver al recién nacido ambos celebraron su piel morena, cabello lacio y prieto, ojitos de capulín.

—Es un bebé muy fuerte —señaló la partera, aunque dijo be-be y se le atoró en el gaznate guagua o uaua.

—Kuntorkanki —lo llamó su padre en quechua.

—“Eres un Cóndor” —tradujo su madre, que entendía, pero no hablaba la lengua.

 

La mortalidad infantil era muy elevada en aquellos días, y hubo interés por parte de los médicos de la Colonia para controlar enfermedades como la viruela. Sin importarle lo que los galenos pensaran, la comadrona le puso al cuello una semilla perforada, similar a un ojo de venado, atada por un lazo rojo:

—Es para evitar el mal de ojo —aclaró, porque la envidia podía hacer daño al recién nacido.

 

Cuando el Cóndor dejó de ser una uaua quiraupi cac porque cumplió cinco años, edad en la que se convirtió en pucllacoc uauaracona, esto es, en un niño “de la dotrina”. Se inició en el servicio a sus mayores, aunque se le permitía seguir jugando, debía ser una ayuda doméstica importante. Y como su padre tuvo el oficio de mercader y era dueño de una recua de mulas, pensó en llevarlo a la Gran Tablada, donde traían a mercar llamas, vicuñas y otros camélidos americanos, como las nuevas reses traídas de Europa.

Olía a pasto reseco, bosta fresca y al sudor de las bestias que se les enreda en el pelambre, igualito al humo que guardan los ponchos. Al Cóndor le interesaron los cuises, que en otras partes llaman conejos de Indias. Y pidió a su padre le comprara algunos.

El cacique accedió siempre que el niño se responsabilizara en cuidarlos. Su educación se basaba en la ayuda mutua, el compromiso dado por la palabra y en la rectitud moral de las acciones emprendidas, nunca en los coscorrones y golpes a los que eran sometidos los niños de su misma edad.

Los cuyos fueron a dar al mismísimo cuarto del chiquillo, pues, por costumbre ancestral, se los cobija debajo de la cama del dueño. Por la noche daban miedo… bastaba asomarse debajo del lecho para mirar un ciento de ojos rojos que miraban atentos al observador. Al amanecer, cuando el niño Cóndor encendía con la ayuda de su ama el fogón donde calentar el mate de coca, el pequeño preguntó:

—¿Qué les damos de desayuno a los cuyos?

—Ah, no te preocupes… ellos ahora van a comer el humo del mate y luego que lo bebamos, les arrojamos las hojas para que chasquen.

 

Otro día acompañó a sus padres al Templo de la Virgen del Carmen.

Caminaron desde su casa hasta la iglesia. Como era costumbre, al Cóndor le llamó muchísimo la atención el orden de las calles y plazas en damero, con la iglesia en el centro.

Su padre dijo:

Ya no es la kancha, sino la plaza cuadrada central, corazón y emblema de la ciudad colonial y espacio de afirmación del nuevo poder.

La kancha fue el elemento básico del urbanismo inca. La kancha es un área abierta, rodeada por un muro exterior al cual se adosan construcciones simétricamente dispuestas en los ángulos del rectángulo. El usnu al centro: un edificio que era a la vez templo principal y símbolo mayor del poder imperial.

En la explanada llamada “el atrio” por los españoles, una docena de jóvenes ejecutaba danzas originarias y costumbristas para expresar su cultura y unidad de vida espiritual. Era divertido pensar que los criollos y españoles creyeran que los bailes estaban dedicados a la Madre de nuestro Señor Jesucristo, que es mediadora y tesorera de las todas las gracias que concede a su pueblo por obra del Hijo de Dios, cuando en verdad bailaban para agradecer a la Pacha Mama por un año de buenas cosechas.

 

En el hogar, la crianza se sustentaba en una fuerte autoridad paterna y en la presencia del castigo, lo que no significa que no hayan existido también formas de afecto entre padres e hijos. Entre los nueve y los doce años, los varones servían a su padre. Se dedicaban a la caza de aves menudas, cuyos productos servían para variados fines como la alimentación y plumas para la ropa del inca. No estudiaban ni iban a la escuela.

Educar a las elites indígenas en la fe católica pareció ser, desde el principio de la Conquista, la mejor manera de evangelizar a los vencidos. El virrey Toledo fue el primero, en el Perú, en querer instituir colegios reales específicamente destinados a hijos de caciques. Sin embargo, hubo que esperar la segunda década del siglo XVII para que se concretara este proyecto, en el Cercado de Lima y en el Cusco.

La Compañía de Jesús fue líder en la educación de dirigentes. La política colonial para con las elites nativas pone de realce que los descendientes de los incas fueron educados en la fe católica, con el propósito de que el pueblo seguiría a sus jefes.

De tal modo que cuando el Cóndor cumplió lo doce, su padre le explicó que debía entrar al colegio. Al principio, el pequeño se entusiasmó: iría al colegio y tendría nuevos amigos. Pero se le vino el mundo abajo cuando comprendió que entraría al cuidado de los padres López de Sosa y Rodríguez, famosos por propiciar latigazos al menor descuido.

—No quiero ir a ese colegio, padre. Los españoles son cristianísimos de mucha caridad amor del prójimo, aunque maltratan a los pobres indios y no les paga bien sus jornales, ni les dan de comer, y maltratan a los caciques principales.

—Lo comprendo, pero por tu condición de curaca o indígena noble deberás cumplir obligaciones.

El prestigioso colegio San Francisco de Borja del Cusco de color amarillo presidio se localiza arriba de un cerro, al que a diario debía trepar. Y el padre Rodríguez lo dejó en claro desde su llegada:

—Con el fin de alejarlos de la idolatría de sus padres e integrarlos a la religión católica y a la vida hispana, dejarán de lado sus costumbres, ritos y mitos. A partir de ahora está terminantemente prohibido conversar en quechua o aimara, ¿queda claro?

Desde que vio a aquel púber con sus manos en plegaria y su cara ladina que simulaba beatitud y sumisión, el Cóndor lo detestó.

—No puedes pretender ser un ángel si te rodean los demonios —le susurró.

—A la salida… —murmuró el muchacho embebido en su falso y exagerado catolicismo—. Nos veremos a la salida.

La respuesta significaba que pelearían luego del colegio, para demostrar valentía. El contrincante era más alto y fuerte que el Cóndor, pero la diferencia no lo amedrentaba.

Se dirigieron a la explanada que se encuentra al bajar los escalones, pero el espacio quedaba demasiado expuesto a la mirada clerical, por lo que optaron por uno de los callejones.

—No le temo al enemigo que me ataca sino al falso amigo que me abraza —le dijo el niño Cóndor a su rival.

Y sin más, comenzó la pelea.

La golpiza que le propinó a Mateo, como se llamaba su oponente, resultó inolvidable.

El plan del Cóndor no llegó a cumplirse. Su primera idea fue darle palos día con día, una suerte de venganza histórica y presente, porque esa idea del dominio hispano sobre el imperio incaico le era repudiable. Y el tal Mateo bien que le iría a servir como desquite colegial, odiaba ponerse la máscara de indio católico apostólico y romano… ¿romano, en el Cusco?

Pero su proyecto se frustró cuando criados de la casa de su padre llegaron a las prisas para informar de la enfermedad que padecían sus padres y hermano mayor.

En su lecho de muerte, el papá del Cóndor le pidió que no abandonara sus estudios y que dejara esas luchas infantiles en el ayer, es más: debía reconciliarse con Mateo y olvidarse de peleas entre hermanos. El jovencito comprendió, pero su alma quedó dolida cuando quedó huérfano.

Los niños de entonces no tenía derechos, lo que decía su padre era la ley y si desobedecían eran castigados con azotes y palos. Luego de la muerte de Atahualpa a manos de Pizarro, lo que significó la caída del Tahuantinsuyo, los niños y las mujeres quedaron desvalidos. Los españoles violaban a las indias, a las negras recién llegadas de África y a las esclavas y servidumbre en general. La pobreza obligaba a dejar niños “expuestos”, es decir, fuera de los templos. La creación de la Casa de Expósitos no redujo el impacto de la entrega de niños al cuidado de terceros. La mayoría de las ocasiones los huérfanos eran usados en el trabajo doméstico o artesanal. Incluso aunque fueran “criados”, esto es: niños adoptados.

España es un gran imperio y necesita para mantener su hegemonía del concurso de un gran ejército —le comunicó el padre López de Sosa.

El Cóndor comprendió que quizá se requeriría su mano de obra para su sustento y cumplimiento de sus funciones; pero el cura lo tranquilizó al decirle:

Si bien no puedes ocupar lugar de recluta en la armada o en la marina, porque eres aún pequeño, han sido tus tíos quienes te han librado de servir tan pronto. Ellos son curacas y caciques de tierras cercanas al Cusco y quieren que sigas tus estudios hasta la Universidad.

Por lo cual, el joven no fue destinado a una Casa de Misericordia… fábricas o manufacturas del Estado en donde los adolescentes eran sometidos a fuerte vigilancia, asignándoles duros trabajos; su medio de “emancipación y redención”.

Continuó sus estudios hasta convertirse en un hombre de estatura mediana, de gran fortaleza física y psíquica, elegante en el vestir, que se expresaba correctamente en castellano y en quechua. Luego estudió en la Universidad de San Marcos. Y obtuvo una esmerada educación.

Sus sueños fueron una suma de conocimientos, a veces fantasiosos, sobre el antiguo régimen inca; soñó un imperio de ayuda mutua, protección de niños y mujeres, hospitales para enfermos y locos. Su mayor anhelo fue una utopía donde se proponía la reorganización del Perú.

El rey de España envió a sus mejores profesores al Nuevo Mundo. Sin saber que aquellos maestros de la Escuela de Salamanca eran partidarios de la doctrina revolucionaria y anti absolutista:

—El depositario real del poder, que siempre emana de Dios, es el pueblo y no el Rey. El primero tiene derecho a la revolución, incluso al tiranicidio, si el segundo no ejerce el gobierno del reino en beneficio del pueblo.

Así se expresaban algunos de los profesores en las aulas.

—¿Qué lees, muchacho?

Los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega —respondió.

Y el bibliotecario le recomendó lecturas clandestinas, como el drama quechua Apu Ollantay, así como textos de Voltaire y Rousseau, en aquella época censurados.

Además, el susodicho cuidador de libros le aconsejó:

—Debes lograr que una mujer caiga en tus brazos sin que tú caigas en sus manos.

El Cóndor rio de buena gana, eso de ser preso de una mujer le resultaba increíble.

Y aconteció el día en que conoció a la zamba Micaela. Un mujerón hija de negro e india de quien tanto se enamoró que… ¡cayó en sus manos!

La llamó:

—Negra de mi vida, negra de mi amor.

Con ella tendría varios hijos.

Y hasta aquí podría ser la historia de un indio bien educado y al servicio de la Corona Española; si no fuera porque el tal Mateo volvió a meter sus narices donde no le importaba.

A pesar de que el Cóndor hizo caso al pedido de su padre y fue con Mateo para pedirle una disculpa con la intención de ser quizá no buenos amigos, pero sí al menos compañeros hermanos de sangre indígena, su perdón no fue aceptado.

—Nada nos une a ti y a mí. Me tomaste desprevenido en el callejón y por eso lograste vencerme…

—No, mira Mateo, ya no deseo luchar contigo, quiero que hagamos la paces.

—¡Eso nunca!

Y aparentemente hasta ahí llegó la cosa… Sin embargo, el odio y el resentimiento son enfermedades del alma que, si no se erradican a tiempo, causan estragos.

Sin que el Cóndor lo supiera, Mateo perfilaba su venganza.

Lo que pudo ser una pelea de niños la convirtió en centro de su amargura.

En una de tantas clases descubrió que uno de sus compañeros dedicaba tiempo a investigar la genealogía incaica.

Así que celoso del éxito de su compañero colegial, Mateo convenció a Diego Felipe que modificara el linaje del Cóndor:

—Debes quitar de su familia cualquier ascendencia inca. Hay que quitarle todo el poder.

A Diego Felipe le pareció una buena broma y recibió monedas de oro a cambio de su versión de una nueva genealogía. La cual entraba en conflicto directo con la del Cóndor, pues, de aceptarse, significaría la pérdida de su cacicazgo y de su condición de descendiente directo de los Incas (“los señores que fueron de estos reinos”)

Aunque el pleito no llegó a resolverse oficialmente, en la práctica las gestiones para ser reconocido como inca tuvieron éxito, pues la difusión pública de ese título le permitió ser aceptado como jefe nato por gran parte de los indios y sus curacas.

Aquel pleito sostenido desde la infancia despertó su conciencia.

—Soy inca —se dijo a sí mismo— y como tal, representante y defensor de mi pueblo.

Su primer impulso fue tratar de mejorar la situación de los indios, que en el Perú de fines del XVIII era de verdadera explotación. Protestó ante el corregidor de la provincia de Tinta y luego también ante el cabildo del Cusco, por los abusos de funcionarios en contra de su pueblo.

—Señores, les solicitamos el fin de la mita.

No recibió respuesta, ni ese año ni al siguiente, cuando ante la Audiencia de Lima pidió que sus indios fuesen relevados y exonerados de servir en la mita de Potosí.

Le fueron negados. E incluso amigos suyos fueron llevados a la muerte, porque eso es lo que le esperaba al indio que entraba en los socavones.

Reunidos en la casa del líder, algunos curacas y sus seguidores redactaron un manifiesto donde se pedía la supresión de gravámenes y explotación; liberación de los esclavos que se unieran a su causa; ruptura con España y restauración del poder Inca bajo nuevas formas.

—Los dueños quieren indios mitayos porque los tratan más como esclavos, porque los hacen trabajar excesivamente al rigor del castigo y porque les pagan menos.

Lo que definitivamente alborotó el gallinero fue la petición: unidad de todos los peruanos, “paisanos” o “compatriotas”, sin distinción de razas, pero en contra de los “europeos intrusos”.

Agotadas las vías de diálogo con los representantes de la corona española, se inició el alzamiento.

Apoyado por los curacas ligados a los hacendados de Cusco, ahora unidos en contra de la nueva aduana, criollos, indios y mestizos se juntaron para alzarse en armas. Y dio el primer grito de libertad en una proclama independentista:

—¡Cortemos de una vez el mal gobierno de tanto ladrón zángano que nos roba la miel de nuestros panales!

La rebelión se expandió con gran rapidez tanto hacia el norte, hasta el Cusco, como hacia el sur, llegando hasta el lago Titicaca para penetrar finalmente en territorio de la Audiencia de Charcas, hoy Bolivia.

No tenían armas, así que tomaron los instrumentos de labranza para convertirlos en defensa contra el imperio hispano.

Las autoridades coloniales respondieron con fuego y sangre.

Una verdadera legión de luchadoras andinas, quechuas y aimaras trabajaron junto a la negra Micaela en el levantamiento para dar apoyo a las tropas; o luchar al lado de sus hijos, esposos o padres.

Ya lo dice el dicho: “Los hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera, tengan unión verdadera, en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean los devoran los de afuera”. Mateo no lo comprendió.

Mientras el Cóndor arengaba a su pueblo:

Vivamos como hermanos y congregados en un solo cuerpo. Cuidemos de la protección y conservación de los españoles; criollos, mestizos, zambos e indios por ser todos compatriotas, como nacidos en estas tierras y de un mismo origen.

A espaldas del líder y con el beneplácito de Diego Felipe Betancur quien apoyó a sus compatriotas, el indio descendiente de incas llamado Mateo García Pumacahua gestó un plan para atrapar al insurrecto.

—Cuídate de Mateo, dice estar de tu lado, pero bien sabes que es traidor —le pidió Micaela al Cóndor.

Su marido no la escuchó.

El contingente fue rodeado y emboscado.

—Se atreven a juzgarme sin ni siquiera conocerme —rugió el sublevado.

Micaela y sus hijos: Hipólito, de dieciocho años; y, Fernando, de diez, así como varios de sus familiares fueron apresados y llevados a Cusco, donde permanecieron presos en el convento de la Compañía de Jesús convertido en cuartel.

Fueron sometidos a interrogatorios y tormentos para poder ubicar al resto de las tropas revolucionarias, les prometían disminuir la pena si delataban a sus amigos, pero no lograron conseguir de ellos ninguna información.

Tras el correspondiente juicio, el visitador José Antonio Areche dictó sentencia el 15 de mayo de 1781 condenando a muerte a José Gabriel Condorcanqui, a su esposa, sus hijos y otros reos; una sentencia cruel, aunque dictada de acuerdo con las normas legales de la época para reos de rebeldía y traición. La sentencia ordenaba el “descuartizamiento en vida para el jefe principal, mutilaciones y pena de muerte para los otros reos, amén de otros castigos”.

—Aquí solo hay dos culpables: Tú por sojuzgar a mi pueblo y yo por querer liberarlo —respondió al visitador Areche, un títere de la Corona que tenía instrucción de arrancar la insurrección de raíz.

El 18 de mayo de 1781 fueron llevados a la Plaza de Armas del Cusco para ser ejecutados uno a uno. A su hijo Hipólito primero le fue cortada la lengua, por haber hablado en contra de los españoles, y luego fue ahorcado.

Micaela y José Gabriel fueron obligados a presenciar la muerte de su hijo, y luego la hicieron subir a ella al tablado.

A la vista de su esposo y de su hijo Fernando, Micaela luchó con sus verdugos, hasta que finalmente la sometieron y le cortaron la lengua. Su cuello delgado no alcanzaba al torno para ahogarla: le echaron lazos al cuello que tiraban de uno y otro lado para estrangularla y terminaron de matarla a patadas en el estómago y los pechos.

Luego llevaron al centro de la plaza a Túpac Amaru, quien también fue sometido a una espantosa muerte: fue desmembrado y sus partes enviadas a diferentes pueblos de la región para ser exhibidos en las plazas públicas, alertando a sus habitantes sobre las consecuencias de rebelarse.

—Podrán matar al revolucionario, pero nunca la revolución… —palabras proféticas con las que murió Túpac Amaru.

Antes de morir, el Inca Túpac Amaru, exclamó:

Volveré y seré millones.

Túpac Amaru significa: serpiente en resplandor.

Mateo García Pumacahua alcanzó el grado de gobernador y es curioso que se le recuerde como prócer de la Independencia del Perú. Nunca comprendió que los hermanos deben permanecer en unión verdadera.

El día en que murió Tupac Amaru en el cielo volaron cóndores.


 

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