Los cuentos del desencanto
Guillermo Murray Prisant © Derechos
Mundiales
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material siempre en medios digitales y con expresa cita del autor.
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Por lo demás, siéntete libre de compartir por vía digital
esta serie de cuentos o el librito completo, muy recomendable para niños entre
tercero y quinto de primaria. Puedes publicarlo en cualquier portal o
plataforma, enviarlo por correo electrónico, reproducirlo en WhatsApp, pegarlo
en tu muro de Facebook y emplearlos en tus redes sociales, pero, por favor, no
imprimas estos cuentos con fines comerciales sin el permiso explícito del
autor.
Voy a compartirte el origen, la fuente literaria o
inspiracional de donde nacieron estos cuentos con el objetivo de que puedas
comprender que son de mi autoría, que no procuro fines de lucro con ellos y que
mercar con literatura ajena, no para enriquecerse en lo material sino para
obtener un prestigio inmerecido, constituye una falta gravísima y se perseguirá
con el apoyo de las autoridades correspondientes.
Finalmente, quiero agradecer a Ana Mirella Rivera Noceda
quien fungía como editora y correctora de estilo en la empresa Libros de
Guillermo Murray, hasta hace poco, cuando presentó su carta de renuncia
voluntaria, por auxiliarme a dar brillo y esplendor a estas páginas. Y queda
constancia de que le dedico el libro llamado Cuentos del desencanto,
como un regalo de despedida por los siete años y medio que vivimos en amasiato.
CUENTOS DE MÉXICO y PERÚ
CUENTOS DE PERÚ y MÉXICO
El primero de los relatos está
basado en una antigua leyenda maya. La primera vez que la escuché fue de niño,
cuando mi papá me llevó a conocer Yucatán. Fuimos a Uxmal y el guía de turismo
que papá contrató semejaba un alux, un duendecillo maya. Quien iba de aquí para
allá dando saltos entre las ruinas y sin dejar de contarnos la leyenda del
enano.
Luego, con el paso del tiempo,
descubrí el texto de Antonio Médiz Bolio intitulado La tierra del faisán y
del venado. Tanto me gustó y me gusta, que hice algunas versiones para
editorial Selector, la principal se encuentra en el libro impreso Los mayas
para niños.
Fuentes:
Instituto Nacional de Bellas
Artes: https://literatura.inba.gob.mx/argentina/5181—murray—prissant—guillermo.html
Amazon: https://www.amazon.com.mx/Los—Mayas—para—ni%C3%B1os—leyendas/dp/9706435255
Descargas rápidas: https://descargarlibros.cl/guillermo—murray—prisant.html
Y principalmente en Editorial
Selector: https://selector.com.mx/products/mayas—para—ninos—los
ISBN 10: 9706435255
ISBN 13: 9789706435255
Editorial: Selector S.A. De C.V.,
2004
Lo que ampara desde hace casi 20
años mi autoría.
EL ENANO DE UXMAL
En los tiempos del esplendor maya,
vivía en la ciudad de Kabah, cerca de Uxmal, una vieja hechicera. Cuentan los
antiguos que ella sabía leer el destino en las estrellas y que, además,
preparaba pociones curativas. Por ello era llamada xpulya.
La bruja deseaba tener un hijo
para que la acompañase en su vejez. No deseaba morir sola. Pero, aunque era un
ser mágico con grandes conocimientos y poderes no lograba dar vida a un hijo.
Por eso sentía envidia de las plantas que daban semillas y de los animales que
podían tener crías.
Los dioses de los Cerros de los
Huitzes, llamados Corcovados, se conmovieron de sus plegarias en las que rogaba
por un hijo. El Huitz Corcovado más fuerte le respondió:
—Amada hija, ¿acaso tu sabiduría
y tus poderes no son suficientes para ti? ¿Crees que tienes derecho a pedir más
de lo que ya posees?
La xpulya se sorprendió del
regaño del Huitz. Ella creía que tenía derecho a ser madre. Así, que sin temor
contestó:
—Tienes razón, mi Huitz, poseo
sabiduría y un gran poder, pero me duele saber que nadie heredará mis
conocimientos. Me entristece no tener a quien trasmitir mi legado.
La divinidad Huitz le dijo:
—Hija amada, para lograr lo que
deseas tendrás que caminar nueve días y nueve noches hasta hallar trece grutas
húmedas y oscuras. Deberás revisarlas, porque en una de ellas encontrarás la
respuesta a tus anhelos.
La anciana salía cada día de su
choza para buscar yerbas y plantas para sus medicinas. Así que aprovechó esos
recorridos para hallar las trece grutas mágicas que buscaba.
Luego de nueve días y nueve
noches agotadoras en las que visitó los lugares más sombríos de la península,
al fin encontró en una gruta algo extraño: un huevo. El huevo era distinto: no
se parecía en nada a los que ella conocía. Así que, lo cubrió con un trapo y,
con cuidado, lo guardó bien escondido en su huipil.
En cuanto llegó a su choza, lo
ocultó con recelo cerca del fuego de su hogar. Sabía que su hallazgo era valioso,
por eso, decidió disimularlo cubriéndolo con unas cenizas que conservaban
algunas brasas.
Aunque para muchos esto puede
resultar imposible de creer, al poco tiempo, gracias al calor de la hoguera,
del huevo nació un niño muy pequeñito con rostro de hombre. Sí: del huevo salió
un ser tan extraordinario que aprendió en pocos días a andar y a hablar como
hombre.
La anciana lo amaba mucho, lo
alimentaba bien y estaba tan orgullosa de su hijo que no le resultó extrañó
que, al cumplir un año, dejara de crecer. Además, le salió una curiosa barba.
La gente del poblado se admiraba
tanto de su aspecto, como de su gran sabiduría. Era despierto como una ardilla,
y parlanchín como una guacamaya y sus grandes conocimientos maravillaban a la
gente.
Ella lo llamó Aklax Winik, que
significa Enano Corcovado. Ambos se querían mucho y vivían muy felices.
Los habitantes de Uxmal lo
bautizaron como el Enano y así lo llamaban todos. La gente solía consultarle
cuando tenían alguna duda o preocupación. Sus respuestas siempre los dejaba
asombrados. Pasó el tiempo, y el enano de Uxmal conservó la fama de su gran
talento.
Pero, además de inteligente, el
Enano era observador y curioso. Se había dado cuenta de que su madre solía
ocultarle cosas y pasaba largas horas frente al fogón, parecía cuidar el fuego
de una manera especial. Así que, cada vez que la bruja salía de la choza, el
Enano se ponía a husmear por todos los rincones de la humilde casucha. Y,
durante semanas, nada halló.
Llegó el día en que quiso
descubrir el misterio que encerraba el fogón de la bruja. Para ello el
hombrecito ideó un truco para que la anciana se tardara al ir a buscar agua al
cenote. El Enano hizo un agujero en el fondo del cántaro. Así, la bruja se pasó
un buen rato intentando inútilmente llenarlo.
El Enano aprovechó para escarbar
en el fogón, el único lugar donde todavía no había buscado.
—A ver si encuentro algo esta vez
—se dijo.
Aklax quitó los leños de la
hoguera y cavó por debajo. Excavó un buen rato, hasta que logró desenterrar
algo que llamó su atención, un címbalo de oro, que tenía inscripciones mágicas
que no podía entender. Luego encontró un maravilloso instrumento musical
llamado tunkul, parecido a un tambor. El Enano, sorprendido por su
descubrimiento no soportó la curiosidad y quiso tocarlos para ver cómo sonaban.
Cuando golpeó entusiasmado al
tunkul con el címbalo se escuchó un singular silbido, tan agudo que hizo volar
a todos los cuervos, guacamayas, pájaros reloj y quetzales que aún viven en la
selva. Luego, un pavoroso trueno recorrió la península de Yucatán.
La madre, que aún estaba en el
cenote, escuchó la rara y aguda música… y posteriormente, el fuerte estrépito.
Sospechó de su hijo. Dejó el cántaro y se echó a correr muy rápido a su casa.
Antes de que llegara, el Enano, impresionado había escondió nuevamente el
instrumento entre las cenizas del fogón.
—Has sido tú —dijo la vieja—. Lo
que has hecho no tiene remedio.
—No, madre, yo no fui —respondió
el mentiroso—. De seguro ha sido un jaguar… o un pavo.
—Se escuchó un trino y luego una
explosión —dijo la vieja, muy desconfiada.
El Enano siguió negando la
verdad, pero la xpulya sabía lo que había ocurrido y no le creyó.
Mas, lo que el Enano no sabía era
que existía una antigua profecía que afirmaba que el día en que se escuchara
nuevamente el sonido del címbalo de oro, el rey del Mayab terminaría de reinar.
La profecía también contaba que se alzaría sobre la tierra una ciudad
fantástica, la cual recibiría el nombre de La Resplandeciente.
La comarca entera estaba en gran
alboroto, pues todos conocían la vieja profecía: “Aquel que toque el tunkul con
el címbalo de oro que están ocultos bajo la tierra y el fuego, será el nuevo
rey de Uxmal y dominará todo el Mayab”.
El potente y mágico sonido
también llegó hasta el palacio del Halach o rey de Uxmal e hizo temblar hasta
las pirámides. El rey quedó impactado, porque no le agradaba para nada la idea
de perder su reino. Así que, para enfrentar a su destino, envío una comitiva a
buscar por todas partes al que había hecho sonar aquel poderoso tunkul.
Después de algunos días, los
hombres del rey dieron con el paradero del Enano, quien fue llevado ante la
presencia del monarca. Éste buscaba la manera de liberarse del vaticinio, así
que, conocedor de la sabiduría del Enano, primero le preguntó al pequeño hombre
qué se podía hacer para que no se cumpla dicha profecía.
—Dime Enano, ¿qué puedo hacer
para que seguir reinando?
El Enano le contestó al monarca
que debía mandar a construir un buen camino que conectara a Uxmal con su
poblado natal, la ciudad de Kabah. Luego agregó:
—Mi respetado rey, cuando el sac—bé entre Uxmal y Kabah esté terminado, yo
volveré a ti para darte una respuesta.
El mandatario mandó a construir
el sac—bé que se conserva hasta nuestros días, porque los mayas fueron grandes
constructores de caminos. Sin embargo, el rey de Uxmal seguía en la búsqueda de
otra forma de evitar su destino. Les consultó a sus sacerdotes y entre todos
idearon unos retos a los que el Enano debía enfrentar:
—Si gana el pequeño hombre se
quedará con el trono y Su Majestad tendrá que dejar de reinar. Pero no se
preocupe, Su Alteza, no existe nadie en el mundo capaz de superar los trabajos
que hemos planeado —explicó un sumo sacerdote.
Cuando el camino estuvo listo, la
bruja acompañada de su protegido, se dirigieron a la ciudad Uxmal, donde una
muchedumbre ansiosa esperaba conocer la respuesta que le daría el Enano al rey.
Al llegar, la xpluya dijo:
—Mi señor, debo comunicarte que
mi hijo, el Enano, dará la solución solamente si el Rey supera una única
prueba.
—Y bien, ¿en qué consiste?
—En dejarse romper encima de la
cabeza el fruto más duro que se conoce en la zona yucateca, un cocoyol.
—Está bien. Reinará en Uxmal
aquel de los dos que pueda resistir la quebradura de tres canastos de cocoyoles
en la cabeza —Agregó uno de los sumos sacerdotes.
El mandatario aceptó con la
condición de que fuera el retador quien realizara primero la prueba, el Enano
accedió. Y ya estaba a punto de dejarse golpear el cráneo, cuando el rey le
advirtió:
—Espera… Si has de ser el nuevo
rey de Uxmal, antes deberás pasar por algunas pruebas donde demuestres coraje y
sabiduría. Al final de estos retos, aceptaré el que tú me has propuesto.
—Bien… De acuerdo, acepto
—respondió el Enano demostrando confianza en sí mismo.
Y así fue como, durante varios
días, el monarca lo desafío a empresas tan difíciles que nadie creería que el
Enano lograría vencer.
Estos retos habían puesto a la
ciudad de fiesta. Parecía una gran feria. Por todos lados se oían alborotos y
las notas rítmicas de la música maya. La gente estaba entusiasmada, querían
saber quién sería el ganador.
El primer desafío fue contar en
un minuto cuántos frutos colgaban de una ceiba.
—Aklax —dijo el soberano—, si
consideras que tienes los conocimientos y la sabiduría necesaria para gobernar,
y si crees que las cosas de la naturaleza son importantes para nuestro pueblo,
dime cuántos frutos cuelgan de esa ceiba que ha visto pasar muchas vidas en el
Mayab.
Ninguno de los sumos sacerdotes,
mucho menos el rey, sabían que el Enano, entre sus poderes, podía comunicarse con
los animales de la selva. Fueron ellos quienes le ayudaron a superar todas las
pruebas.
Aklax sin titubear, le habló a
Zotz, el murciélago, quien bajó rápido y se posó en su hombro. De forma
tranquila contestó que equivaldrían a diez baktunes.
—¿Cómo puedes saberlo?
—El Señor de los murciélagos me
lo ha confiado y yo le creo, así que si pretende desmentirme tendrá que contar
Usted mismo los frutos, sin romper una sola hoja de la ceiba y esta misma
noche.
El pueblo del Mayab admiró la
sabiduría de Aklax y la forma tan especial de haberse comunicado y entendido
con el Señor de los murciélagos.
El soberano, no de buena gana,
reconoció públicamente que el Enano era digno contrincante, reconoció su
triunfo y anunció que al día siguiente serían las restantes dos pruebas.
La hechicera estuvo despierta
toda la noche y realizó secretos rituales para preparar a su amado hijo para
las pruebas desconocidas que aún faltaban.
Halach, el rey, acompañado de su
séquito, llegó a la plaza principal y le preguntó a Aklax si estaba listo; éste
contestó con valeroso gesto que estaba preparado.
El siguiente reto fue elevarse y
volar como los pájaros.
El monarca portaba una capa
elaborada con el plumaje de las más hermosas y coloridas aves, además llevaba
en la cabeza un penacho hecho con plumas de colibríes. La belleza de su
indumentaria sorprendió a los presentes.
Aklax, el enano, conocía el
lenguaje de los pájaros y tras silbarles, lo tomaron delicadamente y lo
elevaron hasta el firmamento. Cuando el rey quiso volar, apenas si se despegó
del suelo para caer de forma lamentable haciendo reír a los presentes.
Al final, llegó la mayor de las
pruebas: resistir los golpes de los cocoyoles en la cabeza.
Cuentan los que cuentan viejos
cuentos que el rey había mandado a construir una plataforma donde se llevaría a
cabo el desafío. Un público numeroso llegó de lugares lejanos para presenciar
el enfrentamiento. Según se había acordado, el hombrecito sería el primero en
subir a la plataforma para afrontar el reto. El Rey esperaba verlo sucumbir al
primer golpe y así no tener que enfrentar tan duro reto. Sin embargo, la vieja
hechicera había colocado bajo el cabello de su hijo una placa de piedra para
que pudiera soportar la prueba sin la menor consecuencia.
—Esta prueba será la definitiva —anunció
el soberano— la totalidad de los cocoyoles que le corresponden a cada uno se
romperán en nuestras cabezas. Será Aklax el que inicie la prueba. ¡Ah!, y el
primero que muera será el perdedor.
El Enano subió a la plataforma y
se plantó como un pequeño gran guerrero. Un hombre musculoso fue elegido para
golpear el primer cocoyol en la cabeza del Enano, lo hizo con mucha fuerza,
pero lo que vibró fue su mano, mientras el cocoyol se rompía en muchos pedazos
sin que el Enano temblara siquiera. Los duros cocoyoles parecían ser muy
blandos. El enano sonreía asombrado mientras le iban rompiendo cocoyoles en la
cabeza y el resultaba ileso de la prueba.
Entonces el rey, espantado —ya
que no quería que rompieran su cabeza a cocazos— intentó postergar lo inevitable.
Sobrecogido de terror y deseoso de ganar tiempo, planteó al enano una serie de
adivinanzas que fueron contestadas con sorprendente exactitud, ante el asombro
y admiración de la multitud.
Como empezaba a oscurecer y el
rey temía por su vida, se le ocurrió postergar su reto para el día siguiente,
mientras pensaba en la forma de librarse de él. Así fue que invitó a su
contrincante y a la anciana bruja a pasar la noche en su palacio.
El Enano aceptó la hospitalidad
del rey y antes de retirarse a descansar le dijo:
—Agradezco tu hospitalidad, pero
quiero que sepas que me quedaré con tu ciudad. Esta noche construiré un palacio
digno de mí, ya que voy a ser el nuevo monarca. Y, además, debes saber que lo
levantaré en una noche.
Todos los presentes se quedaron
asombrados: ¿Era eso posible? El Enano había salvado las pruebas de una manera
única, pero ¿construir un palacio en una noche?, eso resultaba totalmente
improbable.
No para el Enano: al día
siguiente, se alzaba al lado de la Gran Plaza del centro de Uxmal una hermosa e
impresionante pirámide, de una belleza sinigual.
Hay historias que relatan que
antes del desafío final, hubo una última prueba. Esta vez, el certamen fue
planteado por el pequeño hombrecito.
—Cada uno construirá una estatua
y la pondremos al fuego. La que respeten los dioses, será del que va a ser el
rey, ¿aceptas? —retó el Enano al monarca.
Durante horas, el confundido rey,
auxiliado por sus sumos sacerdotes, se puso a pensar en cuál sería el material
más resistente e indestructible. Todos proponían increíbles materiales. Al fin,
decidieron que se construiría una estatua de un metal más duro que el acero que
en la actualidad conocemos. El rey mandó a fabricar un monumento impactante.
Quienes veían su estatua alababan aquella magnífica elaboración. El monarca y
sus sacerdotes ya saboreaban la victoria.
Cuando una comitiva enviada por
el rey vio la estatua del Enano, se burlaron durante largo rato.
—¿Cómo esa simple escultura va a
vencer a la espléndida estatua de nuestro rey? —dijo uno de los soldados de la
comitiva.
—Pero… si está hecha de barro y
agua —se burló un sacerdote.
—¿Piensas que vas a ganar con esa
débil y mínima estatua? —Preguntó un tercero.
—¡Esa estatuilla nunca ganará a
la de nuestro monarca! —exclamaron todos.
Y resultó que sometieron a ambas
creaciones al fuego… La estatua de metal, al calor del fuego se derritió
completamente. Mientras que la de barro, se fue cociendo como un tabicón y
quedó dura como la piedra.
Al ver esto, el rey admitió su
derrota.
La gente aclamó al Enano como su
nuevo rey, quien les prometió lo que cumpliría:
—Haré de esta ciudad la más
hermosa del Mayab, la tierra de los Mayas. Construiré en una noche casas y palacios
para mi madre, para los sacerdotes y para todos los príncipes.
Y así fue.
Al día siguiente, la vieja ciudad
amaneció convertida en la hermosa ciudad de Uxmal, conocida como La
Resplandeciente.
Se sabe que en Uxmal floreció la
poesía, la música, la astronomía y la medicina; su agricultura se refleja en la
filigrana de sus templos y su arquitectura en la majestuosidad de sus
edificaciones. Todas las artes y las ciencias nos recuerdan la grandeza del
Mayab.
El enano gozó por algún tiempo de
su nueva situación. Al suntuoso palacio, se le llamó y se le llama La Casa del
Enano; recompensó a la vieja hechicera con un gran edificio, que hoy se conoce
con el nombre de Casa de la Vieja, y cuando ésta murió mandó que le levantasen
una estatua, cuya cabeza se exhibe todavía en la ciudad de Mérida, Yucatán, en
la segunda calle de Progreso Sur.
Sin embargo, el pueblo nunca
creyó en la muerte de la hechicera, y se dice que vive todavía en un
subterráneo, junto a un estanque. Y que se lleva a los niños pequeños dejando a
cambio jícaras de agua. Cuentan que los niños son devorados por una serpiente
que acompaña a la bruja. De ahí que las familias que tienen hijos chiquitos
jamás pasan por la casa de la bruja y nunca los llevan cuando van a buscar agua
a los pozos o a los cenotes.
Cuenta también la leyenda que el
Enano perdió la protección del dios Itzamná debido a su orgullo. Dicen que él
mismo quiso crear un nuevo dios.
El ídolo de barro que con el
fuego se endureció fue el principio de su final. Cuentan que el Enano le dio
vida y que la estatua habló. Durante algún tiempo los habitantes de Uxmal le
adoraron, por lo que fueron llamados en la antigüedad Kul Katob; esto es, “los
adoradores del barro”.
Pero los dioses, ofendidos por el
sacrilegio, enviaron guerreros que destruyeron la ciudad de Uxmal y aniquilaron
a todos sus habitantes. Y así es como termina la leyenda que como me la
contaron, te la conté. Espero la recuerdes por mucho tiempo y les cuentes a tus
hijos y a tus nietos esta historia para que aprendan a no ser orgullosos como
los reyes del viejo Uxmal.
Y, por cierto, si alguna vez vas
a Yucatán, recuerda tener cuidado y alejarte de mujeres viejas que te ofrecen
un poco de agua en una jícara, no vaya a ser que acabes siendo devorado por una
serpiente.
Como verás, existen muchas versiones
del Enano de Uxmal.
Este cuento nos enseña que “que
el Enano perdió la protección del dios Itzamná debido a su orgullo. Dicen que
él mismo quiso crear un nuevo dios.” Es decir, que el orgullo y la soberbia
son destructivos y destructores, hay que cuidarse de ellos…
La que has leído es mi versión,
espero te haya gustado. Y, por favor, busca el cuento original de Médiz Bolio,
te invito a adquirir el libro LOS MAYAS PARA NIÑOS de la editorial Libros de
Guillermo Murray, que muy pronto estará en AMAZON, si estás interesado/a
mándame un correo electrónico a murrayguillermo@gmail.com
para anunciarte el lanzamiento unos días antes. Gracias
Hace ya muchos años, trabajé en el Museo
Nacional de Culturas Populares como curador de la exposición El oro del
guiñol en México (homenaje a Roberto Lago). Y esto viene a cuanto porque en
dicha entidad laboraba la doctora Sonia Cecilia Iglesias y Cabrera quien
publicó junto a mí un libro sobre los títeres en México. A su vez, Sonia
Iglesias resultó ser una experta en el tema de la panadería mexicana. Por
ejemplo, El pan popular que encuentras en https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/579559/El_pan_popular_compl.pdf
Y también, en Biblioteca Herdez, encontrarás: Los nombres del pan en la
Ciudad de México
Por esa época yo trabajaba en la
revista PAN, no de Acción Nacional sino de la CANAINPA (Cámara Nacional de la
Industria Panificadora) y entrevisté a la maestra Sonia, como también a Cristina
Barros y Mónica del Villar autoras del bellísimo libro El santo olor de la
panadería
Como lo que te cuento ocurrió en
1995, sí, ya sé, ¡antes de que nacieras!, hace casi 30 años, pensé que era hora
de retomar el tema. Al principio pensé en imitar el cuento (creo que fue
publicado por Alfaguara, pero no lo recuerdo con exactitud) Todos comemos
arroz y llamarlo, lógico: Todos comemos pan. La idea no cuajó por
completo.
La segunda versión del cuento
tampoco me gustó, porque parecía un listado de panes de todo el mundo. Así que,
debido a mi gusto por el maravilloso imperio inca, decidí que el cuento
ocurriría en una panadería (imaginaria) de la ciudad de Lima; y esto se debe a
la ingente cantidad de granos que los incas descubrieron, cultivaron y
modificaron para el consumo humano.
Bueno, ya que te conté los
antecedentes, ahora sí, vamos al cuento:
El valor del pan
Guillermo Murray Prisant © Derechos
Mundiales
Mi abuelo es panadero. Con él
aprendí que:
—El
pan es el mejor compañero de todas las comidas, en el mundo entero. Tanto nos
gusta, que se usa en frases y refranes como:
—A falta de pan, buenas las tortas —para significar que debemos
conformarnos con lo que tenemos.
O: —Contigo, pan y cebolla —que dicen los enamorados, para
dar a entender que el amor es más importante que el dinero o la comodidad.
Y cuando una persona es muy bondadosa, decimos que: —Es más
buena que el pan.
Un día, él me enseñó el valor del
pan:
—El valor social del pan es evidente en Turquía, mi
querido Juan, donde el pan es llamado ekmek (pan en turco). Se le
valora no sólo por su valor como alimento energético; sino, porque el pan es
sagrado y considerado una bendición de Dios.
—Me cuentas más…
—Según la tradición, el profeta islámico Adán, patrón
de los panaderos, fue instruido en el arte de la panificación por el Arcángel
Gabriel. Y como el consumo de pan trasciende las clases sociales y se disfruta
por igual entre pobres y ricos, entre los turcos el pan caído al suelo es
recogido, besado y apartado para alimentar los animales; y hay un dicho
relacionado que induce al respeto:
—Si pisas el pan, en piedra te
convertirás.
El pan es identificado además con
el esfuerzo, la recompensa por el trabajo:
—Ganarás el pan con el sudor de tu frente.
Y el ahorro. Un refrán turco muy
bonito refleja ese amor incondicional:
—Llámale hijo, aunque sea tonto.
Llámale pan, aunque esté seco.
Como se venía un concurso de panes
llamado Festival del Pan, le pregunté a mi abuelo qué panes pensaba preparar
para el acontecimiento. El respondió:
—Blanco o negro, inflado o chato, salado o dulce,
duro o blando, grande o pequeño, sólo o acompañado: en diferentes sitios de la
Tierra ¡todos comemos pan!
—¿Todos?, abuelo.
—Sí, Juan… El pan tradicionalmente se elabora con
trigo (o con otros cereales parecidos como son el centeno o la cebada) y su
manufactura se remonta a muchísimo tiempo atrás. Pero hoy te contaré de cómo
hacer pan sin trigo.
—¡En serio!
—Para
esto, un poco de historia…. Los primeros cereales recolectados por manos
humanas se encontraron en excavaciones arqueológicas y se descubrió que antes
de la agricultura, ya hacían pan.
—¿Elaboraban
pan?
—Sí.
Quizá distinto al nuestro, sin levadura ni fermentos, pero pan al fin de
cuentas y te explico la razón: cuando los grandes mamíferos se
extinguieron al término de la última glaciación, nuestros antepasados se vieron
en la necesidad de encontrar alimentos. Ellos conocían los cereales, porque los
recolectaban; incluso —como
te decía— antes de
que se aprendiera a cultivarlos, la gente preparaba pan y galletas, como fue la
Rosca de Reyes, un pan dulce y con frutos secos que se cocía en hogueras al
aire libre, hace miles de años, aunque la receta haya variado mucho con el paso
del tiempo y ya no usemos piedras de cocción sino hornos.
—¿Y
cómo era esa rosca?
—Un
regalo para los reyes… Hay que imaginarlo: los nómadas recolectaban
cereales, como eran muy duros para comerlos crudos probaron a tostar las
espigas, y les gustó el resultado. Tiempo después quitaron el grano de la paja,
con la intención de tostar el cereal sin basura. Lo ingenioso fue pasar del
tostado al molido del trigo, la cebada o el mijo para obtener harina, ese sí
que fue un gran hallazgo. Con esta harina hicieron tartas para sus gobernantes.
—Entonces,
sólo de trigo se hace el pan…
—No,
no. Espera y te explico. Para el año 8000 antes de nuestra era en una
extensa zona que comenzaba en Anatolia (Turquía) y llegaba hasta el actual
Irán, nuestros antepasados descubrieron cómo cultivar trigo y cebada, plantas que
crecían en los climas templados, para obtener harina de ellas. Pan
viene del idioma latín y quiere decir “todo”. Pero no solamente ocurrió la
agricultura en Mesopotamia. El fenómeno fue mundial. Lo que ocurre es si bien
todos los seres humanos comemos pan, no en todas partes se elabora con trigo,
pues existen otros cereales de donde se extraen harinas y féculas.
—A ver,
dame ejemplos o explícame más.
—En
América sucedió algo similar a lo ocurrido en Mesopotamia. Hacia el año 5000
antes de nuestra era, dos pueblos (al menos) descubrieron la agricultura. Uno
de los hallazgos arqueológicos se ubica al norte de México y sur de Estados
Unidos, en la actual provincia de Tamaulipas, donde los científicos dataron
maíz de aquel tiempo. El otro, igual de importante por la fecha, fue en Caral,
en el actual Perú, donde, nuevamente, los arqueólogos encontraron cultivos
milenarios.
—¿Y
qué cereales comían?
—Los
que encontraban… Como no tenían proteínas a la mano, las que
anteriormente les proporcionara la carne de mamut o de ciervo, encontraron que
la mezcla de cereales con leguminosas y un tercer elemento añadido, podría
darles lo que necesitaban. Y de esta forma nacieron las grandes culturas
gastronómicas.
—¿Culturas
gastronómicas? ¿Eso qué es?
—Cuando
muchos pueblos y culturas consumen un mismo tipo de alimento, aunque no se
parezcan entre ellos, hablen idiomas distintos y vivan en regiones distantes,
los llamamos así. La primera se llama la Cocina del Trigo. Aunque
es más conocida como Cocina Mediterránea, ya que casi todos los países que
hacen pan con trigo se encuentran cerca del Mar Mediterráneo. En la zona de
Egipto y Mesopotamia, como también en Grecia y Roma antiguos, a los obreros se
les pagaba con una ración de pan, ajo y aceite de oliva…
—¿Por
qué?
—Porque
estos tres alimentos reunidos, proporcionan lo necesario para que un adulto
pueda vivir. En Roma los soldados recibían un poco de sal y de ahí viene la
palabra salario. Recuerdas el dicho: “pan y agua”, pues eso mismo…
—¿En
dónde más, fuera de Europa y parte de Asia comen pan?
—Esto
es lo interesante, escucha, Juan. Donde no se cultiva el trigo, el pan
se hace con arroz o con mijo, como en la lejana China y otros países de Asia.
El trigo fue introducido siglos más tarde, cuando el comercio entre Europa y
Asia se desarrolló.
—¿La
tríada mágica de los alimentos en el Antiguo Oriente no lleva trigo?
—Pues
no. A esta la llamaremos la Cocina del Arroz, el cereal más
consumido en el mundo y si bien se puede elaborar pan de arroz, lo cierto es
que este grano se lo consume hervido por lo general y a la dieta se le añade
col fermentada y salsa de soya, este es el trío mágico de Oriente, el cual
permite alimentar a media humanidad.
—¿Se
elaboran panes con harina de arroz?
—La
respuesta es sí, aunque lo curioso de este tipo de panes es que no forman
corteza, por lo tanto, son una gran miga blanda y esponjosa. A la que suelen
rellenar con guisos dulces o salados. Una delicia.
—¿Dónde
más?
—Al
trío alimenticio lo encontramos en México: a las tortillas de maíz se le suman
los frijoles y el chile. Curioso invento este de las tortillas: sirven de
cubierto, mantel, plato, servilleta y pan al mismo tiempo... Con esta masa, se
elaboran los famosos antojitos de México: sopes, memelas, flautas, tlacoyos,
gorditas, enchiladas y chalupas. Sin olvidarnos de las deliciosas quesadillas.
Con las tortillas duras y fritas, se hacen tostadas y chilaquiles.
—¿Y
aquí, en Perú?
—En
el Tahuantinsuyo, nombre que los incas dieron a su imperio, se cultiva desde
antaño una gran variedad de semillas y granos, lo que permite una dieta muy
variada en la que no encontramos el trío alimenticio antes señalado, en cambio,
abundan los panes que no tienen trigo (los prehispánicos) y aquellos que lo
incorporaron a su receta.
—¿Haremos
uno de estos panes, abuelo?
—Sí,
Juan, claro que eso haremos. ¿Me ayudarás a prepararlo?
—¡Claro!
A eso vine…
—Lo
primero será conseguir los ingredientes.
—Ya sé,
¡compraremos maíz!
—Tibio,
tibio… mi querido Juan. Va a llevar muchas cosas más. Primero viene la
explicación y luego ponemos manos a la obra. Como el maíz fue un
alimento popular antes de la llegada de los europeos, se llama Cocina del
Maíz a la que elaboramos en América, aunque todos sabemos que existen
grandes diferencias entre las dietas del norte y el sur del continente
americano, lo cierto es que podemos coincidir en que este cereal, el maíz, nos
confiere identidad. Además del maíz, en América hay semillas similares a las de
los cereales, como es el amaranto, usado en México; o la quinua en Perú, que también
se emplean para fabricar galletas, pasteles y panes dulces. En América del Sur se
elabora pan con papas o mandioca, tubérculos que contienen almidón en gran
cantidad, de los que se obtienen panes sabrosos. En Paraguay te encuentras con
panes elaborados con harina de mandioca en forma de grandes y pequeños aros que
se comen calientes o tibios, se les llama chipá y pueden
prepararse con queso. ¡Hay que comerlo rápido! Porque al enfriar, se ponen duros
como la piedra. En Perú, a los panes dulces hechos con mandioca se les llama
picarones y se sirve con miel de chancaca. También en Brasil y en la región de
las Antillas se crea un pan de mandioca llamado cazabe. Es un pan
difícil de preparar porque la mandioca puede ser indigesta. Pero una vez que se
le extrae lo amargo, la harina que queda es deliciosa.
—Entonces,
abuelo, ¿qué pan vamos a preparar?
—Un
momento, jovencito, ya falta poco… Con la masa de maíz mezclada con grasa,
envuelta en las hojas secas del maíz y puesta a cocer en la olla vaporera se
hacen los deliciosos tamales.
—¿Los
tamales son pan?
—Definitivamente.
Así como la llamada Rosca de Reyes evolucionó en Europa desde el inicio del
Neolítico, también en América los pueblos oriundos aprendieron a añadir
golosinas a la masa cruda del cereal, para luego hornearlo o hervirlo, y
comerlo aún tibio acompañado de café o chocolate con leche.
—¿Vamos
a elaborar un tipo de tamal?
—Pues
no, Juan, no exactamente… Otro tipo de panes elaborados con harina de maíz son
las arepas de Colombia y Venezuela, así como otros estados de Centroamérica,
son redondas, pero no tan chatas ni delgadas como las tortillas, y se comen
rellenas de carne o con mantequilla. Y en América del Norte el pan más
crujiente de todos es el de harina de maíz que se elabora en el sureste de
Estados Unidos. Se le llama boronas y es tan quebradizo que se
rompe en muchos trocitos al primer bocado.
—Ya
dime, abuelito: ¿qué pan vamos a hacer para el concurso?
—Como
te dije, tanto les gustó el maíz a los europeos, que se lo llevaron para
Europa. ¿Qué sería de Italia, sin la famosa polenta? ¿O del resto de América,
sin arepas, choclos y mazamorra? Del maíz, además, se extrae deliciosa miel,
hojuelas para el desayuno, aceite para cocinar y por supuesto... las famosas
palomitas, pop—corn o pochoclo: un invento de los aztecas para que hoy puedas
disfrutar del cine.
—Sigo
sin entender qué pan vas a hacer…
—Pan
del Inca.
—Oye,
abuelo, pero ¿con qué ingredientes?
—Toma nota. Compraremos lo siguiente: linaza, trigo,
cebada, cañihua, kiwicha, maíz y arveja, lo que lo convierte en un súper
alimento recomendado para preservar la salud.
—¡Eso lo convertirá en un súper pan! ¡De seguro ganamos el
concurso!
—¿Ganamos?
—Bueno, yo te ayudaré a preparar el Pan del Inca.
—Oye, Juan, comprenderás que ningún inca comió ese
pan… aunque en el festival nos servirá de ejemplo para ilustrar la enorme
cantidad de productos peruanos vigentes desde antes de la Conquista. Y que
ahora regresan a la mesa mundial, como obsequios de Perú al mundo.
Y tú querido amigo lector, qué
piensas: Juan y su abuelo panadero ¿habrán ganado en el concurso del Festival
del Pan? Un final abierto para que puedas brindar tus conclusiones.
Espero te haya gustado.
¿Te recomiendo un libro?
SI JUEGAS CON FUEGO de la
editorial Libros de Guillermo Murray, que muy pronto estará en AMAZON, si estás
interesado/a mándame un correo electrónico a murrayguillermo@gmail.com para
anunciarte el lanzamiento unos días antes. Gracias
El siguiente cuento estoy muy seguro
de que te va a encantar. Nuevamente es una leyenda maya, a la que en su
oportunidad convertí en un cuento destinado a los niños que están entre tercero
y quinto de primaria.
No hace falta que cite fuentes ya
citadas en un cuento anterior. Fue publicado por Selector SA de CV y, además,
la envié a The Psychological Corporation, una editorial estadounidense que
trabaja con población de habla hispana.
LA LEYENDA DE LA PAPAYA
(SÍNTESIS)
Guillermo Murray Prisant © Derechos
Mundiales
Había una vez dos
niños mayas quienes vivían en el sur de México y se llamaban Nicté y Balam. Una
mañana, Balam oyó una risa detrás de un árbol. Entonces vio a un hombrecito
pequeño y viejo, que comía algo que tenía en su mano.
—¿Quién eres? —le preguntó.
—Me llamo Kin Chob. Conozco toda
la selva y sus frutos. Cómo éste tan delicioso que ahora como —dijo el
hombrecito.
—¿Me das? —pidió Balam.
El viejo accedió. A Balam le encantó y llamó a su hermana.
El viejo les dijo que ese fruto se llamaba chick put y que podía convidarles
por ser niños; pero que no debían dárselo a los hombres porque se adueñarían de
la selva para quitarle todos sus frutos.
Nicté y Balam regresaron a casa. Kin Chob les regaló una chick put y les
pidió que volvieran al día siguiente, cuando les daría un poco más de aquella
delicia.
Durante la
comida, su padre observó la fruta y les pidió que le convidaran. Cuando la
probó sintió un gran deseo de comer más. Entonces los niños le contaron la
historia del viejo de la selva. Su padre les dijo:
—Llévenme con él.
Pero ya era de noche y se
perdieron en el camino. Su padre se enfadó y les dijo:
—No saldrán de casa hasta que no
me digan dónde han hallado la fruta.
Como los niños no regresaron a
la selva, Kin Chob fue a buscarlos y pidió que le dejaran ver a los niños. Pero
los padres lo atraparon dentro de un costal.
—Déjenme ir —pidió el viejo.
—Sólo si nos dices dónde hay
fruta.
Kin Chob dijo que sí, pero con
la condición de llevarse a los niños con él, a cambio. Los esposos aceptaron. Y
el viejo los condujo donde los árboles de chick put o papaya.
Los padres se
volvieron ricos, porque venía mucha gente a comprar papayas. La gente quería
comer más y más de aquella maravilla. Pero estaban tristes porque se dieron
cuenta de que la riqueza sin sus hijos no tenía sabor alguno.
Nicté y Balam se
quedaron a vivir con Kin Chob para siempre y fueron cuidadores de la selva.
El equipo de cuentacuentos,
narradores y lectores en voz alta de la empresa Libros de Guillermo Murray
trabaja con este material desde hace 10 años. Y el esquema de trabajo es el
siguiente:
TRABAJO DE LEO y CUENTO
LOS DIÁLOGOS SE DRAMATIZAN, EL
RESTO SE LEE
LA LEYENDA DE LA PAPAYA
Guillermo Murray Prisant © Derechos
Mundiales
PERSONAJES: NICTÉ
BALAM
KIN CHOB
PAPÁ y MAMÁ
En
una selva del sur de México, vivían dos niños mayas Nicté y Balam. Una mañana
Balam escuchó una risa que venía de un árbol. Detrás de este árbol salió un
hombrecito que comía algo que llevaba en su mano.
BALAM (sorprendido): ¿Quién eres?
KIN CHOB
(saboreando el fruto): Mi nombre es Kin Chob, vivo aquí en la selva, conozco
todos los frutos que aquí hay (mordiendo el fruto), como éste —tan delicioso—
que estoy comiendo. Mmm.
BALAM
(saboreándose): ¿Me das? (estira la mano)
KIN CHOB: ¡Anda,
come, come!
BALAM: ¡Gracias!
(come el fruto)
KIN CHOB: ¿Qué
te parece? Deliciosa, ¿verdad?
BALAM: ¡Sí,
rica, muy rica! (Llama a su hermana) Nicté…
NICTÉ: ¿Qué
comes, Balam?
BALAM (alzando los hombros): No sé cómo se llama, pero sabe delicioso...
prueba Nicté, pruébala.
NICTÉ (saborea): ¡Qué rico! Sí, sabe rico, ¿qué es?
KIN CHOB: Es… chick put.
BALAM y NICTÉ: ¿Chick put?
KIN CHOB: Sí,
chick put es el fruto más delicioso que hay aquí en la selva, ¡ah, pero sólo a
ustedes les puedo convidar, sólo a ustedes y nadie más!
BALAM: ¿Por qué
sólo a nosotros?
KIN CHOB: Porque
son niños…
NICTÉ: Y… ¿mis padres?
KIN CHOB: ¡No!
Los adultos no deben probarla.
NICTÉ y BALAM: ¿Por qué?
KIN CHOB: Porque los adultos se adueñarían de la selva y (levanta los
brazos y señala toda la selva) y se acabarían todos, todos sus frutos, dejarían
vacía la selva (cabizbajo) sin estos deliciosos frutos.
BALAM: ¡Eso no! ¡Yo quiero seguir comiendo chick put!
NICTÉ: Yo también, ¡qué no se los acaben!
KIN CHOB: Tengan
una chick put; disfrútenla y vuelvan mañana, les daré más, ya vayan a su casa
que ya se está haciendo de noche.
Nicté y Balam regresaron muy contentos a casa, dejando al hombrecito que
seguía comiendo chick put. Al siguiente día, a la hora de la comida...
PAPÁ: (Observa con curiosidad lo que Balam tiene en sus
manos) ¿Qué es eso Balam?
BALAM: Es una chick put, sabe deliciosa.
PAPÁ: Si sabe deliciosa, entonces convida…
BALAM: Sí, papá, (parten el fruto, muy feliz)
NICTÉ: Yo quiero más, dame, Balam, dame más.
PAPA: (Se levanta con el trozo de fruta en la mano) ¡Por
todos los dioses...! ¡Qué delicia, sabe a paraíso! ¡Quiero más, dame más, Balam,
anda hijo dame un poco más!
Balam entonces recordó lo que el hombrecito le dijo y dudo
en darle más a su papá.
BALAM: El hombrecito nos dijo que...
PAPÁ: ¿Cuál hombrecito?
BALAM: Kin Chob, ese es su nombre y vive en la selva.
PAPÁ: ¿En la selva? ¿Un hombrecito? Dime, Balam, de dónde
sacaste este fruto, ¿dónde la encontraron?
BALAM: Nos la dio Kin Chob, el hombrecito…
PAPA: ¿Kin Chob?
NICTÉ: Sí, papá,
es el guardián de la selva, él la cuida y también cultiva a las chick put.
PAPÁ: ¡Llévenme
con él de inmediato! De seguro es un alux protector, un duende de la selva y
quiero saber qué quiere a cambio de las frutas.
Salieron a buscar el lugar donde se habían encontrado con el hombrecito,
pero ya era tarde, había obscurecido y se perdieron en el camino, el padre se
enfadó.
BALAM (confundido) Es... o era… ¿por aquí? No, creo que era por acá…
NICTÉ: No, Balam, por aquí no era, creo que era por ese árbol.
PAPA: (enfadado)
¡No saldrán de la casa! Bo lo harán hasta que me digan donde esta ese Kin, Gin,
Cin ¡o como se llame ese alux!
BALAM y NICTÉ: Kin
Chob.
Los niños no
regresaron a la selva, eso preocupo a Kin Chob, así que fue a buscarlos a su
casa y pidió que lo dejaran verlos.
KIN CHOB: ¡Buen
día! ¿Hay alguien en casa?
Cuando el papá
se dio cuenta, fue por un costal.
PAPA: (Abre y
mira hacia abajo) ¿Quién eres tú?
KIN CHOB: Soy
Kin Chob, ¿puedo ver a Balam y Nicté?
PAPÁ: Pase,
pase… voy a llamar a los niños, espere… En cuanto el alux entró, zas, lo atrapó
en el costal.
PAPÁ (llamando a
su mujer): ¡Mujer, mujer, ayúdame!
Entre los dos,
sujetaron al hombrecito en el costal.
PAPÁ y MAMÁ: ¡Te
atrapamos!
KIN CHOB:
¡Déjenme ir, suéltenmele! Tengo que ir a regar la selva.
PAPÁ: Te
soltaremos, sólo si nos dices donde hay más chick put.
KIN CHOB: Está
bien, pero con una condición…
PAPÁ: ¿Cuál
condición?
KIN CHOB: Me
llevaré a Balam y a Nicté a cambio.
Los padres lo
pensaron por un momento, sólo un pequeño momento y decidieron:
PAPÁ: Está bien ¡Llévatelos! Ahora dinos: dónde hay más
fruta…
El hombrecito los llevó por la selva hasta llegar a los
árboles de chick put o papayas, los padres corrieron a cortar los deliciosos
frutos, sin siquiera ver que el hombrecito se alejaba con Balam y Nicté.
PAPÁ: ¡Sólo unas
cuantas! (Abraza un montón de chick put), unas pocas ya y seré millonario.
MAMÁ (Sin dejar de comer): Las llevamos ¡y las vendemos!
PAPÁ: ¡Vamos por la carreta! Así nos llevamos cientos…
Los padres se
volvieron ricos, porque venía mucha gente a comprar papaya. La gente quería
comer y comer y comer más y más de aquella deliciosa fruta… pero estaban
tristes, les faltaba algo para ser completamente felices: ¡sus hijos!
PAPÁ: ¡Quiero a mis hijos!
MAMÁ: Vamos por ellos…
Pero su búsqueda fue en vano, no los encontraron, buscaron por
toda la selva.
PAPÁ y MAMÁ: ¡Balam! ¡Nicté! ¿Dónde están?
Balam y Nicté se
quedaron a vivir por siempre con Kin Chob y se volvieron cuidadores de la
selva. Si algún día visitas la selva de Yucatán y pones atención, verás que aún
se escuchan sus risas encantadas.
ISBN 10: 9706435255
ISBN 13: 9789706435255
Editorial: Selector S.A. De C.V.,
2004
Lo que ampara desde hace casi 20
años mi autoría.
Las que has leído son versiones que
escribí hace ya un tiempo, porque me encanta esta leyenda. Se han publicado en
México y en Estados Unidos. Ahora están disponibles para todo el mundo.
Recuerda, puedes traducirla y publicarla en Internet o en otros medios digitales,
pero está totalmente prohibida su reproducción impresa. Además, si como editor
de libros pensabas usarla para lucrar con libros de lectura para tercero,
cuarto o quinto de primaria, comprenderás qué inútil te resultará con ese
propósito, ya que los cuentos se encuentran en toda la red, distribución libre
y gratuita. No impresa. Di NO a la piratería. Di NO al plagio. Di NO al abuso
de confianza.
Espero te haya gustado. ¿Qué te
parece si escribes tu propia versión? No importa que sea breve o condensada, lo
que importa es que sigamos preservando esta tradición popular.
Te invito a adquirir el libro LOS AZTECAS
PARA NIÑOS de la editorial Libros de Guillermo Murray, que muy pronto estará en
AMAZON, si estás interesado/a mándame un correo electrónico a murrayguillermo@gmail.com para
anunciarte el lanzamiento unos días antes. Gracias
Hace unos 3 o 4 años invité a quien
era mi concubina, Ana Mirella Rivera Noceda, y a su hija, Sarah Alicia García
Rivera, a un viaje a Perú. Ellas dirán que pagaron su parte, pero como tengo
las facturas de los vuelos de avión, podrá comprobarse muy fácilmente que el
gasto mayor recayó en mis bolsillos. Eso no importa demasiado.
Lo que sí es importante es que
pasamos una parte de las vacaciones nadando con tortugas en la localidad de Los
Órganos, al norte del Perú, rumbo a Ecuador. Y tanto fue mi entusiasmo que
decidí escribir algunas historias en torno al país hermano. A continuación, te
presento dos de éstas.
La primera está basada en documentales
de YouTube. En especial, cito:
https://www.youtube.com/watch?v=aQ4dm_wjh3I
https://www.youtube.com/watch?v=d74RzbNsuKI
La segunda historia tiene
antecedentes más antiguos. Una de mis novelas favoritas, la cual te invito a
leer, se llama El abecé del perro que habla (está publicada en Libros de
Guillermo Murray que muy pronto estará en AMAZON, si estás interesado/a mándame
un correo electrónico a murrayguillermo@gmail.com
para anunciarte el lanzamiento unos días antes. Gracias) Uno de los personajes de
la novela es un exguerrillero tupamaro, nacido en Uruguay, quien recibió el nombre
de José Humberto en castellano, pero al irse a residir a Brasil fue llamado Zé
Umberto.
¿Tupamaro? ¿Qué quiere decir “tupamaro”?
Para explicártelo en pocas palabras, es un seguidor de los ideales políticos de
Tupac Amaru. Seguidor de Tupac Amaru: tupamaro.
El cuento Ha nacido un cóndor
es un homenaje a este héroe de la Independencia de América Latina, un ejemplo
de valentía y coraje.
Isla Foca
Guillermo Murray Prisant © Derechos
Mundiales
Vivimos en un mundo que hasta ahora
abusó de la Naturaleza sin importar los resultados; la consecuencia ha sido el
calentamiento global y la erosión biológica, es decir, la extinción de formas
vivas. Los cálculos actuales establecen que entre el 15 y el 25% de la fauna
terrícola desapareció paulatinamente desde la llegada del Homo sapiens.
Pero no todo está perdido e
investigadores, técnicos, profesionistas de muchos campos, ciudadanos de a pie
y hasta niños de distintas edades estamos colaborando para evitar un desastre
mayor. Y eso por eso que la visita a Isla Foca me causaba tantas expectativas.
Cuando niña soñé que algún día
iba a convertirme en bióloga marina. Me encanta el mar, nadar en él o
simplemente dejarme flotar; me gusta el atardecer con el rumor de las olas y
cómo el sol se pierde de a poco en el rojo horizonte mientras gaviotas y
pelícanos graznan las buenas noches. Pero lo que más me atrae es bucear. Me
capacité muchas horas para convertirme en buzo profesional; aprendí a respirar
por la boquilla, a controlar mis inspiraciones si me pongo nerviosa o me siento
en peligro y la forma en la que debo ascender muy lento desde la profundidad
para que los gases que están en mi sangre no formen burbujas que pudieran
resultar fatales.
Si has estado alguna vez en el
norte de la costa peruana habrás notado que la orilla marítima de nuestro país
es una franja arenosa cuya fauna no es muy abundante; sin embargo, al alejarte
de la costa en pos de los arrecifes de coral, la vida subacuática resulta
cuantiosa. En especial alrededor de la Isla Foca.
¿Dónde está la isla? En un punto
excepcional. Una zona marina particular, ya que allí se unen la corriente de
Perú (hasta hace poco llamada corriente de Humboldt) que procede de la
Antártida y, como es lógico, sus aguas son heladas; y, la corriente ecuatorial
de aguas templadas, lo que hace favorable la presencia de especies asociadas
tanto a aguas frías como a aguas tibias.
¿Y dónde se produce este punto
mágico? La isla Foca se encuentra ubicada en la costa del departamento de
Piura, a veinte km al sur de la ciudad de Paita y a un kilómetro de la costa,
frente a la caleta de pescadores La Islilla.
Fue a La Islilla donde llegamos.
Desde allí tomamos una lancha con motor fuera de borda. La isla tiene un
relieve accidentado con hondonadas profundas y acantilados que presentan
alturas aproximadas de cuarenta metros, interrumpidas por cantos rodados y playas
que son el resultado de la acción del viento y del océano. La verdad es que no
se veía adónde íbamos a desembarcar, hasta que viramos al lado Este, ya que las
playas son muy escasas en isla Foca y la única playa de arena es Playa Blanca.
Me asombró que los pescadores
tuvieran tal cantidad de aparejos de pesca, en especial trampas para langostas.
Pero uno de nuestros acompañantes, llamado Jorge Novoa, nos explicó que la
“caza” de artrópodos sólo se permite en la época en que no hay veda, ya que
muchas especies de crustáceos viene a desovar en los arrecifes cercanos.
Fue cuando realizamos la primera
inmersión que comprendí la exuberante riqueza del lugar. La conjunción de las
aguas oceánicas permite la vida de al menos tres ecosistemas no tan rígidamente
diferenciados, porque hay habitantes de zonas polares, como los pingüinos de
Humboldt que encuentran en los pedregales de la isla Foca el lugar más
septentrional donde anidar; al lado de tortugas verdes, típicamente tropicales.
Y eso no es todo, porque al mezclarse las dos corrientes hasta igualar la
temperatura de sus aguas, producen un tercer nicho de vida, en especial se
encuentran corales que únicamente viven en esta zona de tránsito.
Salí a descansar. Pedí ayuda al
conductor de la lancha. Y fue el mismo Jorge Novoa quien me ayudó a treparme al
bote. Cuando salgo del mar me gusta respirar hondo y dejar que mi olfato me
recuerde dónde estoy: cada playa posee un aroma diferente. Percibí el sutil y
único aroma del océano Pacífico, algo de la gasolina quemada por la embarcación
y el perfume lejano de las guaneras.
—¿Cómo le fue, señorita?
—preguntó muy atento y amable.
—Es maravilloso —le respondí.
—Sí, estoy de acuerdo con usted.
Es por ello por lo que acudimos a ustedes, los llamamos para que nos ayuden a la
preservación de esta riqueza natural.
Pensé que hoy ya era tarde para
una nueva zambullida, así que opté por quitarme el traje de neopreno y hablar
con aquel amigo.
—¿Cuál es el mayor peligro?
—pregunté.
—En nuestros días se han dado
licencias de pesca a barcos internacionales que con sus redes de arrastre
drenan el fondo del mar, estos aparejos matan parejo: criaturas óptimas para
servirnos de alimento, claro, pero junto a ellas van tortugas, aves, peces
pequeños, huevas… Si dejamos que este saqueo continúe, no sólo nos afectará
como pescadores, ya que nos mantenemos con una pesca que no daña al medio
ambiente, sino que al final acabará con la vida marina.
El resto de la jornada
transcurrió de modo pacífico y sin incidentes. Regresamos a puerto y varamos la
lancha en la playa. Fuimos a casa de Jorge Novoa a cenar y tomar una cerveza.
Planificamos la aventura del siguiente día.
Como acordé con mi nuevo amigo,
nos levantamos antes del amanecer. Tomé mi equipo fotográfico y mi traje de
buceo, y luego de un café negro bien cargado y un par de cachangas con queso
recién hechas, nos dirigimos al mar.
En mente tenía ahora bien claro
cuál sería el objetivo de mi misión: fotografiar y documentar la variedad
silvestre, en especial las especies autóctonas o endémicas a las que el
gobierno peruano deberá proteger, con un cuidado mayor de aquellas que se
encuentran amenazadas o en peligro de extinción.
Cuando comenzó a amanecer pude
contemplar un espectáculo magnífico: un ciento de chuitas volaba alrededor de
la isla Foca, le acompañaban algunos pelícanos peruanos que parecían no muy
convencidos de madrugar. Y entre las piedras, a lo lejos, vi a la Golondrina de
la tempestad peruana y el pilpilén negro.
—Son muchos los pájaros que
anidan en los roquedales —me explicó Jorge Novoa. Y me dio un folleto en donde
estaban fotografiados el piquero patas azules, el pelícano pardo, el piquero
peruano, el cormorán neotropical, el cormorán de patas rojas, el cormorán
guanay, el ave fragata magnífica, la gaviota dominicana, la gaviota peruana,
entre otras.
—Usted debe saber que años atrás
era frecuente los avistamientos de ballenas jorobadas, pero los buques factoría
y los barcos de extermino las han alejado —me dijo con mucha tristeza Jorge
Novoa.
Luego de un rato en el que
aparentemente dimos media vuelta a la isla Foca, mi guía me dijo:
—Es aquí.
Tomé mi equipo y me sumergí.
No habrían pasado ni cinco
minutos cuando hicieron su aparición, son animales muy curiosos y mi presencia
llamó su atención, así que se acercaron con cautela para ver qué cosa era yo.
La gran mayoría era de lobos marinos conocidos como lobo chusco sudamericano
que es abundante en el sur del continente; pero no eran ellos el objetivo
principal de mi búsqueda, sino un primo de ellos, conocido como lobo marino
fino sudamericano.
Hasta hace poco se creyó que el
lobo marino fino sólo vivía en las islas Galápagos del Ecuador, pero cuando se
descubrió que existe una pequeña colonia reproductiva en isla Foca, el
entusiasmo de los científicos y los conservacionistas fue mayúsculo, porque su
existencia protege a este animal de la extinción.
No pude hallar a ninguno. Sin
embargo, Jorge Novoa no se decepcionó y me dijo:
—El lobo fino peruano prefiere
las costas e islas de superficie accidentada, a menudo de difícil acceso para los
humanos, continuamente golpeadas por el oleaje marino, como ser promontorios
rocosos, y cornisas de acantilados, pudiendo treparlos ágilmente hasta notable
altura, hábito que no acostumbra a hacer el lobo de un pelo. Si usted quiere,
podemos acercarnos a su colonia porque este animal no efectúa migraciones
estacionales y frecuenta los mismos apostaderos todo el año.
—¡Vamos!
Ya calentaba el sol cuando
llegamos al rinconcillo de la isla donde viven y pernoctan, una docena de
hembras estaban tendidas al sol quizá dormían o soñaban. Prefieren los lugares
con cuevas cercanas, porque las hembras paren una sola cría no en la arena o en
el despeñadero, sino en un nicho oculto o resguardado por las piedras
verticales del acantilado. Un macho las custodiaba y oteaba en el horizonte en
busca de otros lobos contrincantes, nosotros no le llamamos la atención.
—Les gusta comer pulpos —dijo
Novoa—. Voy a pescar unos cuantos para luego llamarlos e invitarles un almuerzo
gratis, de ese modo le será fácil fotografiarlos.
Y así lo hizo. Se quitó la
camisa, asió un garfio con su mano, se colocó un visor y se arrojó al agua;
pasó poco tiempo cuando el pescador recolectó una media docena de cefalópodos.
El llamado de los lobos fue un
espectáculo; no fue una reacción inmediata, daba la impresión de que las
hembras, quizá una docena, tenía demasiado sueño para asistir al convite y el
macho estaba muy entretenido para pensar que era hora de comer. Al final y casi
a regañadientes, una a una se arrojó al mar y se aproximaron con cautela.
El lobo fino es el más pequeño de
la familia de los lobos marinos. Cuando el macho se me acercó para reclamar la
porción de pulpo que le correspondía, comprobé que tendría más o menos mi
tamaño: metro y medio de longitud y tal vez menos de sesenta kilos.
Tomó su parte con alguna
delicadeza y fue el momento propicio para que pudiera sacarle un retrato,
además del centenar de fotos que había tomado de él y de su harem.
Y eso sí que fue importante.
Quiero difundir que los lobos
marinos finos de la isla Foca, una especie endémica, esto es, que sólo reside
en este lugar del mundo, se ve afectado por El Niño, por la oscilación del Sur,
la anomalía del sistema acoplado océano-atmósfera que se caracteriza por
calentamientos y enfriamientos del océano que afectan significativamente en los
procesos oceanográficos y meteorológicos a escala regional y global. En
especial afecta a estos mamíferos, porque las crías se amamantan por dos o tres
años y suelen competir con los recién nacidos; de tal forma que cuando las condiciones
ambientales son menos favorables, caso de El Niño, la mortandad entre jóvenes y
crías es mucha.
—Son pequeños —le dije a Jorge
Novoa.
—Sí, es verdad. Los primeros
pescadores no pensaron que fuesen lobos de mar, sino focas. Y así llamaron a la
isla Foca.
Mi documental se llamará Salvemos
al lobo fino del mar peruano.
Lo primero que voy a escribir es:
Vivimos en un mundo que hasta
ahora abusó de la Naturaleza…
Quizá nuestra misión en la Tierra
sea convertirnos en pastores conservacionistas de lo que la Naturaleza produjo
en miles de millones de años. Y lo hagamos para cuidar de nuestros cachorros,
porque un mundo sano y sin inminentes peligros de extinción, nos da la
oportunidad de sobrevivir como especie, al heredar a nuestros hijos la genética
de la vida silvestre tal y como nos fue entregada.
Ha nacido un cóndor
Guillermo Murray Prisant © Derechos
Mundiales
Cuando nació el 19 de marzo de 1738
en aldea de Santa Bárbara Surimana, provincia de Tinta, obispado de Cusco,
tenía los ojos bien abiertos, y en sus iris se reflejaban las últimas orillas
de sus sueños prenatales: la mágica ciudad de oro refugiada en los Andes.
Su padre fue un cacique quechua y
su madre una mestiza. Al ver al recién nacido ambos celebraron su piel morena,
cabello lacio y prieto, ojitos de capulín.
—Es un bebé muy fuerte —señaló la
partera, aunque dijo be-be y se le atoró en el gaznate guagua o uaua.
—Kuntorkanki —lo llamó su padre
en quechua.
—“Eres un Cóndor” —tradujo su
madre, que entendía, pero no hablaba la lengua.
La mortalidad infantil era muy
elevada en aquellos días, y hubo interés por parte de los médicos de la Colonia
para controlar enfermedades como la viruela. Sin importarle lo que los galenos
pensaran, la comadrona le puso al cuello una semilla perforada, similar a un
ojo de venado, atada por un lazo rojo:
—Es para evitar el mal de ojo —aclaró, porque la envidia
podía hacer daño al recién nacido.
Cuando el Cóndor dejó de ser una uaua quiraupi cac porque
cumplió cinco años, edad en la que se convirtió en pucllacoc uauaracona,
esto es, en un niño “de la dotrina”. Se inició en el servicio a sus mayores,
aunque se le permitía seguir jugando, debía ser una ayuda doméstica importante.
Y como su padre tuvo el oficio de mercader y era dueño de una recua de
mulas, pensó en llevarlo a la Gran Tablada, donde traían a mercar llamas,
vicuñas y otros camélidos americanos, como las nuevas reses traídas de Europa.
Olía a pasto reseco, bosta fresca
y al sudor de las bestias que se les enreda en el pelambre, igualito al humo
que guardan los ponchos. Al Cóndor le interesaron los cuises, que en otras
partes llaman conejos de Indias. Y pidió a su padre le comprara algunos.
El cacique accedió siempre que el
niño se responsabilizara en cuidarlos. Su educación se basaba en la ayuda
mutua, el compromiso dado por la palabra y en la rectitud moral de las acciones
emprendidas, nunca en los coscorrones y golpes a los que eran sometidos los
niños de su misma edad.
Los cuyos fueron a dar al
mismísimo cuarto del chiquillo, pues, por costumbre ancestral, se los cobija
debajo de la cama del dueño. Por la noche daban miedo… bastaba asomarse debajo
del lecho para mirar un ciento de ojos rojos que miraban atentos al observador.
Al amanecer, cuando el niño Cóndor encendía con la ayuda de su ama el fogón
donde calentar el mate de coca, el pequeño preguntó:
—¿Qué les damos de desayuno a los cuyos?
—Ah, no te preocupes… ellos ahora van a comer el humo del
mate y luego que lo bebamos, les arrojamos las hojas para que chasquen.
Otro día acompañó a sus padres al Templo
de la Virgen del Carmen.
Caminaron desde su casa hasta la iglesia.
Como era costumbre, al Cóndor le llamó muchísimo la atención el orden de las
calles y plazas en damero, con la iglesia en el centro.
Su padre dijo:
—Ya no es la kancha, sino la plaza cuadrada central,
corazón y emblema de la ciudad colonial y espacio de afirmación del nuevo
poder.
La kancha fue el elemento básico
del urbanismo inca. La kancha es un área abierta, rodeada por un muro exterior
al cual se adosan construcciones simétricamente dispuestas en los ángulos del
rectángulo. El usnu al centro: un edificio que era a la vez templo principal y
símbolo mayor del poder imperial.
En la explanada llamada “el
atrio” por los españoles, una docena de jóvenes ejecutaba danzas originarias y
costumbristas para expresar su cultura y unidad de vida espiritual. Era
divertido pensar que los criollos y españoles creyeran que los bailes estaban
dedicados a la Madre de nuestro Señor Jesucristo, que es mediadora y tesorera
de las todas las gracias que concede a su pueblo por obra del Hijo de Dios,
cuando en verdad bailaban para agradecer a la Pacha Mama por un año de buenas
cosechas.
En el hogar, la crianza se
sustentaba en una fuerte autoridad paterna y en la presencia del castigo, lo
que no significa que no hayan existido también formas de afecto entre padres e
hijos. Entre los nueve y los doce años, los varones servían a su padre. Se
dedicaban a la caza de aves menudas, cuyos productos servían para variados
fines como la alimentación y plumas para la ropa del inca. No estudiaban ni
iban a la escuela.
Educar a las elites indígenas en
la fe católica pareció ser, desde el principio de la Conquista, la mejor manera
de evangelizar a los vencidos. El virrey Toledo fue el primero, en el Perú, en
querer instituir colegios reales específicamente destinados a hijos de caciques.
Sin embargo, hubo que esperar la segunda década del siglo XVII para que se
concretara este proyecto, en el Cercado de Lima y en el Cusco.
La Compañía de Jesús fue líder en
la educación de dirigentes. La política colonial para con las elites nativas
pone de realce que los descendientes de los incas fueron educados en la fe
católica, con el propósito de que el pueblo seguiría a sus jefes.
De tal modo que cuando el Cóndor cumplió
lo doce, su padre le explicó que debía entrar al colegio. Al principio, el pequeño
se entusiasmó: iría al colegio y tendría nuevos amigos. Pero se le vino el
mundo abajo cuando comprendió que entraría al cuidado de los padres López de
Sosa y Rodríguez, famosos por propiciar latigazos al menor descuido.
—No quiero ir a ese colegio, padre.
Los españoles son cristianísimos de mucha caridad amor del prójimo, aunque
maltratan a los pobres indios y no les paga bien sus jornales, ni les dan de
comer, y maltratan a los caciques principales.
—Lo comprendo, pero por tu
condición de curaca o indígena noble deberás cumplir obligaciones.
El prestigioso colegio San
Francisco de Borja del Cusco de color amarillo presidio se localiza arriba de
un cerro, al que a diario debía trepar. Y el padre Rodríguez lo dejó en claro
desde su llegada:
—Con el fin de alejarlos de la
idolatría de sus padres e integrarlos a la religión católica y a la vida
hispana, dejarán de lado sus costumbres, ritos y mitos. A partir de ahora está
terminantemente prohibido conversar en quechua o aimara, ¿queda claro?
Desde que vio a aquel púber con sus
manos en plegaria y su cara ladina que simulaba beatitud y sumisión, el Cóndor
lo detestó.
—No puedes pretender ser un ángel
si te rodean los demonios —le susurró.
—A la salida… —murmuró el muchacho embebido en
su falso y exagerado catolicismo—. Nos veremos a la salida.
La respuesta significaba que
pelearían luego del colegio, para demostrar valentía. El contrincante era más
alto y fuerte que el Cóndor, pero la diferencia no lo amedrentaba.
Se dirigieron a la explanada que
se encuentra al bajar los escalones, pero el espacio quedaba demasiado expuesto
a la mirada clerical, por lo que optaron por uno de los callejones.
—No le temo al enemigo que me
ataca sino al falso amigo que me abraza —le
dijo el niño Cóndor a su rival.
Y sin más, comenzó la pelea.
La golpiza que le propinó a Mateo,
como se llamaba su oponente, resultó inolvidable.
El plan del Cóndor no llegó a
cumplirse. Su primera idea fue darle palos día con día, una suerte de venganza
histórica y presente, porque esa idea del dominio hispano sobre el imperio incaico
le era repudiable. Y el tal Mateo bien que le iría a servir como desquite
colegial, odiaba ponerse la máscara de indio católico apostólico y romano…
¿romano, en el Cusco?
Pero su proyecto se frustró
cuando criados de la casa de su padre llegaron a las prisas para informar de la
enfermedad que padecían sus padres y hermano mayor.
En su lecho de muerte, el papá
del Cóndor le pidió que no abandonara sus estudios y que dejara esas luchas
infantiles en el ayer, es más: debía reconciliarse con Mateo y olvidarse de
peleas entre hermanos. El jovencito comprendió, pero su alma quedó dolida
cuando quedó huérfano.
Los niños de entonces no tenía
derechos, lo que decía su padre era la ley y si desobedecían eran castigados
con azotes y palos. Luego de la muerte de Atahualpa a manos de Pizarro, lo que
significó la caída del Tahuantinsuyo, los niños y las mujeres quedaron
desvalidos. Los españoles violaban a las indias, a las negras recién llegadas
de África y a las esclavas y servidumbre en general. La pobreza obligaba a
dejar niños “expuestos”, es decir, fuera de los templos. La creación de la Casa
de Expósitos no redujo el impacto de la entrega de niños al cuidado de
terceros. La mayoría de las ocasiones los huérfanos eran usados en el trabajo
doméstico o artesanal. Incluso aunque fueran “criados”, esto es: niños
adoptados.
—España es un gran imperio y necesita para mantener
su hegemonía del concurso de un gran ejército —le comunicó el padre López de Sosa.
El Cóndor comprendió que quizá se
requeriría su mano de obra para su sustento y cumplimiento de sus funciones; pero
el cura lo tranquilizó al decirle:
—Si bien no puedes ocupar lugar de recluta en la
armada o en la marina, porque eres aún pequeño, han sido tus tíos quienes te
han librado de servir tan pronto. Ellos son curacas y caciques de tierras
cercanas al Cusco y quieren que sigas tus estudios hasta la Universidad.
Por lo cual, el joven no fue
destinado a una Casa de Misericordia… fábricas o manufacturas del Estado en
donde los adolescentes eran sometidos a fuerte vigilancia, asignándoles duros
trabajos; su medio de “emancipación y redención”.
Continuó sus estudios hasta convertirse
en un hombre de estatura mediana, de gran fortaleza física y psíquica, elegante
en el vestir, que se expresaba correctamente en castellano y en quechua. Luego
estudió en la Universidad de San Marcos. Y obtuvo una esmerada educación.
Sus sueños fueron una suma de conocimientos, a veces
fantasiosos, sobre el antiguo régimen inca; soñó un imperio de ayuda mutua,
protección de niños y mujeres, hospitales para enfermos y locos. Su mayor
anhelo fue una utopía donde se proponía la reorganización del Perú.
El rey de España envió a sus
mejores profesores al Nuevo Mundo. Sin saber que aquellos maestros de la
Escuela de Salamanca eran partidarios de la doctrina revolucionaria y anti
absolutista:
—El depositario real del poder,
que siempre emana de Dios, es el pueblo y no el Rey. El primero tiene derecho a
la revolución, incluso al tiranicidio, si el segundo no ejerce el gobierno del
reino en beneficio del pueblo.
Así se expresaban algunos de los
profesores en las aulas.
—¿Qué lees, muchacho?
—Los Comentarios Reales
del Inca Garcilaso de la Vega —respondió.
Y el bibliotecario le recomendó
lecturas clandestinas, como el drama quechua Apu Ollantay, así
como textos de Voltaire y Rousseau, en aquella época censurados.
Además, el susodicho cuidador de
libros le aconsejó:
—Debes lograr que una mujer caiga
en tus brazos sin que tú caigas en sus manos.
El Cóndor rio de buena gana, eso
de ser preso de una mujer le resultaba increíble.
Y aconteció el día en que conoció
a la zamba Micaela. Un mujerón hija de negro e india de quien tanto se enamoró
que… ¡cayó en sus manos!
La llamó:
—Negra de mi vida, negra de mi
amor.
Con ella tendría varios hijos.
Y hasta aquí podría ser la
historia de un indio bien educado y al servicio de la Corona Española; si no
fuera porque el tal Mateo volvió a meter sus narices donde no le importaba.
A pesar de que el Cóndor hizo
caso al pedido de su padre y fue con Mateo para pedirle una disculpa con la
intención de ser quizá no buenos amigos, pero sí al menos compañeros hermanos
de sangre indígena, su perdón no fue aceptado.
—Nada nos une a ti y a mí. Me tomaste desprevenido en el
callejón y por eso lograste vencerme…
—No, mira Mateo, ya no deseo luchar contigo, quiero que
hagamos la paces.
—¡Eso nunca!
Y aparentemente hasta ahí llegó la cosa… Sin embargo, el
odio y el resentimiento son enfermedades del alma que, si no se erradican a
tiempo, causan estragos.
Sin que el Cóndor lo supiera,
Mateo perfilaba su venganza.
Lo que pudo ser una pelea de
niños la convirtió en centro de su amargura.
En una de tantas clases descubrió
que uno de sus compañeros dedicaba tiempo a investigar la genealogía incaica.
Así que celoso del éxito de su
compañero colegial, Mateo convenció a Diego Felipe que modificara el linaje del
Cóndor:
—Debes quitar de su familia cualquier ascendencia inca. Hay
que quitarle todo el poder.
A Diego Felipe le pareció una
buena broma y recibió monedas de oro a cambio de su versión de una nueva genealogía.
La cual entraba en conflicto directo con la del Cóndor, pues, de aceptarse, significaría
la pérdida de su cacicazgo y de su condición de descendiente directo de los
Incas (“los señores que fueron de estos reinos”)
Aunque el pleito no llegó a
resolverse oficialmente, en la práctica las gestiones para ser reconocido como
inca tuvieron éxito, pues la difusión pública de ese título le permitió ser
aceptado como jefe nato por gran parte de los indios y sus curacas.
Aquel pleito sostenido desde la
infancia despertó su conciencia.
—Soy inca —se
dijo a sí mismo— y como tal, representante y defensor de mi pueblo.
Su primer impulso fue tratar de
mejorar la situación de los indios, que en el Perú de fines del XVIII era de
verdadera explotación. Protestó ante el corregidor de la provincia de Tinta y
luego también ante el cabildo del Cusco, por los abusos de funcionarios en
contra de su pueblo.
—Señores, les solicitamos el fin
de la mita.
No recibió respuesta, ni ese año
ni al siguiente, cuando ante la Audiencia de Lima pidió que sus indios fuesen
relevados y exonerados de servir en la mita de Potosí.
Le fueron negados. E incluso
amigos suyos fueron llevados a la muerte, porque eso es lo que le esperaba al
indio que entraba en los socavones.
Reunidos en la casa del líder,
algunos curacas y sus seguidores redactaron un manifiesto donde se pedía la
supresión de gravámenes y explotación; liberación de los esclavos que se
unieran a su causa; ruptura con España y restauración del poder Inca bajo
nuevas formas.
—Los dueños quieren indios
mitayos porque los tratan más como esclavos, porque los hacen trabajar
excesivamente al rigor del castigo y porque les pagan menos.
Lo que definitivamente alborotó
el gallinero fue la petición: unidad de todos los peruanos, “paisanos” o
“compatriotas”, sin distinción de razas, pero en contra de los “europeos
intrusos”.
Agotadas las vías de diálogo con
los representantes de la corona española, se inició el alzamiento.
Apoyado por los curacas ligados a
los hacendados de Cusco, ahora unidos en contra de la nueva aduana, criollos,
indios y mestizos se juntaron para alzarse en armas. Y dio el primer grito de
libertad en una proclama independentista:
—¡Cortemos de una vez el mal
gobierno de tanto ladrón zángano que nos roba la miel de nuestros panales!
La rebelión se expandió con gran
rapidez tanto hacia el norte, hasta el Cusco, como hacia el sur, llegando hasta
el lago Titicaca para penetrar finalmente en territorio de la Audiencia de
Charcas, hoy Bolivia.
No tenían armas, así que tomaron los
instrumentos de labranza para convertirlos en defensa contra el imperio hispano.
Las autoridades coloniales
respondieron con fuego y sangre.
Una verdadera legión de
luchadoras andinas, quechuas y aimaras trabajaron junto a la negra Micaela en
el levantamiento para dar apoyo a las tropas; o luchar al lado de sus hijos,
esposos o padres.
Ya lo dice el dicho: “Los
hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera, tengan unión verdadera, en
cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean los devoran los de afuera”.
Mateo no lo comprendió.
Mientras el Cóndor arengaba a su
pueblo:
—Vivamos como hermanos y congregados en un solo
cuerpo. Cuidemos de la protección y conservación de los españoles; criollos,
mestizos, zambos e indios por ser todos compatriotas, como nacidos en estas
tierras y de un mismo origen.
A espaldas del líder y con el
beneplácito de Diego Felipe Betancur quien apoyó a sus compatriotas, el indio
descendiente de incas llamado Mateo García Pumacahua gestó un plan para atrapar
al insurrecto.
—Cuídate de Mateo, dice estar de tu lado, pero bien
sabes que es traidor —le
pidió Micaela al Cóndor.
Su marido no la escuchó.
El contingente fue rodeado y
emboscado.
—Se atreven a juzgarme sin ni
siquiera conocerme —rugió
el sublevado.
Micaela y sus hijos: Hipólito, de
dieciocho años; y, Fernando, de diez, así como varios de sus familiares fueron
apresados y llevados a Cusco, donde permanecieron presos en el convento de la
Compañía de Jesús convertido en cuartel.
Fueron sometidos a
interrogatorios y tormentos para poder ubicar al resto de las tropas
revolucionarias, les prometían disminuir la pena si delataban a sus amigos,
pero no lograron conseguir de ellos ninguna información.
Tras el correspondiente juicio,
el visitador José Antonio Areche dictó sentencia el 15 de mayo de 1781
condenando a muerte a José Gabriel Condorcanqui, a su esposa, sus hijos y otros
reos; una sentencia cruel, aunque dictada de acuerdo con las normas legales de
la época para reos de rebeldía y traición. La sentencia ordenaba el “descuartizamiento
en vida para el jefe principal, mutilaciones y pena de muerte para los otros
reos, amén de otros castigos”.
—Aquí solo hay dos culpables: Tú
por sojuzgar a mi pueblo y yo por querer liberarlo —respondió al visitador
Areche, un títere de la Corona que tenía instrucción de arrancar la
insurrección de raíz.
El 18 de mayo de 1781 fueron
llevados a la Plaza de Armas del Cusco para ser ejecutados uno a uno. A su hijo
Hipólito primero le fue cortada la lengua, por haber hablado en contra de los
españoles, y luego fue ahorcado.
Micaela y José Gabriel fueron
obligados a presenciar la muerte de su hijo, y luego la hicieron subir a ella
al tablado.
A la vista de su esposo y de su
hijo Fernando, Micaela luchó con sus verdugos, hasta que finalmente la
sometieron y le cortaron la lengua. Su cuello delgado no alcanzaba al torno
para ahogarla: le echaron lazos al cuello que tiraban de uno y otro lado para
estrangularla y terminaron de matarla a patadas en el estómago y los pechos.
Luego llevaron al centro de la
plaza a Túpac Amaru, quien también fue sometido a una espantosa muerte: fue
desmembrado y sus partes enviadas a diferentes pueblos de la región para ser
exhibidos en las plazas públicas, alertando a sus habitantes sobre las
consecuencias de rebelarse.
—Podrán matar al revolucionario,
pero nunca la revolución… —palabras proféticas con las que murió Túpac Amaru.
Antes de morir, el Inca Túpac
Amaru, exclamó:
—Volveré y seré millones.
Túpac Amaru significa: serpiente
en resplandor.
Mateo García Pumacahua alcanzó el
grado de gobernador y es curioso que se le recuerde como prócer de la
Independencia del Perú. Nunca comprendió que los hermanos deben permanecer en
unión verdadera.
El día en que murió Tupac Amaru
en el cielo volaron cóndores.
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